Gracias por tus observaciones. Muy oportunas porque me
permiten repensar los puntos que apuntas. Pero sobre todo porque, practicando
la verdadera amistad, no has sido “condescendiente”
en tus advertencias. No has usado convencionales frases de cortesía. Eso es muy
importante ya que permite mejorar el pensamiento propio. Efectivamente por
error de dedo donde dice asado debió decir pasado. Y donde dice vitarlo debió
decir evitarlo. En mi www.aletheia33.blogspot.com
link en cual lo publiqué, ya está
corregido. Estaría bueno si lo continuamos ahí, porque podría ser un ambiente
de reflexión común, con mayor razón si otros se acoplan.
Mi opinión sobre la primera parte:
No me queda en claro tu opinión respecto al
aborto voluntario por parte de la madre, quien en última instancia debe decidir
si defiende la vida de ese inocente a quien deberá cuidar por el resto de su
vida (puede que incluso sea hijo no deseado de un violador, al que seguramente
odia con todas sus fuerzas) o prescinde de esa obligación ya que no es una
persona aún.
Es exacto, no he tratado el caso de la madre en los supuestos
que mencionas y que son:
1. Si la
madre debe decidir si defiende la vida de ese inocente.
2. El
cual inocente es a quien deberá cuidar por el resto de su vida.
3. Puede
que ese inocente sea un hijo no deseado por diversas causas.
4. Puede
que sea hijo de un violador a quien odia
con toda fuerza
5. Puede
que prescinda de esa obligación porque todavía el feto no es persona aun.
Previo a todo hay que aclarar que, los cuatro primeros casos,
son hechos posteriores a la fecundación y consecuencias de la misma. Son
consecuencias que se derivarían si se practicara o no el aborto y muy
importantes, por lo cual debemos estudiarlas a continuación, pero que no tratan
sobre el ser de lo que el aborto és. Las consecuencias de algo que és, no
modifican la substancia. Son accidentes que soporta la substancia, pero el ser,
lo que sub está, la sub-estancia, sigue siendo la misma, la que soporta los
accidentes. Por eso al definir al aborto decía Aborto es interrumpir el proceso generador de vida
humana, que se produce con la unión de las
células germinales: óvulo y espermatozoide.
Esto es lo que el aborto es
o, lo que es lo mismo, éste es el ser
del aborto. Las consecuencias tienen cada una su propio ser y, por tanto,
deben ser motivo de estudio independientemente del hecho que les da origen.
1.
¿Es la madre quien debe decidir si defiende la
vida de ese inocente? Y si la madre no la defiende, por alguna de las causas
que haz reseñado bien, ¿quién defenderá al que, por imposibilidad material, no
puede defenderse? Porque esa vida,
existente en el seno materno, no puede ejercer la legítima defensa –que traté al final de la meditación anterior– de
su vida por razones obvias. Quien debe hacerlo –cuando esa vida esté en peligro
de muerte y no haya quien la defienda– es
el Estado, el cual tiene como obligación primaria
garantizar la supervivencia de los miembros que integran la comunidad y
legitiman su existencia. Para ello –para defender la salud y vida de quienes no
puedan hacerlo por sus propios medios– el Estado crea Hospitales, vacunaciones,
campañas sanitarias, de prevención, etc. Claro está que si el Estado asume la
defensa de esa vida, deberá asumir –también– todas las consecuencias que
conllevan la deserción maternal. Lo que en lenguaje simple significa “hacerse
cargo”. Es decir: cuidarlo (1) en
todo su desarrollo, del mejor modo posible a su condición.
(1)
En su sentido
etimológico original de curar, del lat. Curäre=
cuidar, del cual vienen pro-curar, curador, curato curatela, curia y que el
dicho de la sabiduría experiencial de la lengua, condensa en la frase “como te curas… duras”
2. Desde
luego, esta subrogación de los cuidados maternales, será siempre deficitaria,
menesterosa de lo mejor, pero peor es matarlo. Anexo, deberá crearse una
legislación que regule las relaciones entre madre e hijo sometidos a esas
condiciones Inclusive deberá estudiar y legislar sobre las relaciones con el
padre violador. Tal vez algún día los argentinos puedan ver lo que, países más
evolucionados, llaman un “estado eficiente”. Mientras tanto eso es lo que hay. Tampoco hemos
contemplado la posibilidad de que, si lo cuida bien y forma una buena persona,
en lugar de cuidarlo toda su vida,
sea el hijo cuidado, quien cuide a esa madre en su vejez. La
subvención a la madre sería, en estos casos, mucho y mejor fundada que todas
esas subvenciones que están provocando el gigantesco déficit fiscal. Todas
estas consecuencias, anexas al ser del aborto, deben solucionarlas el Estado y
evitar que se produzca la muerte de una vida –que existe en modo actual– dentro
del claustro materno. Hay otros modos de solucionar los problemas que acarrea
el aborto no deseado (por cualquier causa). Por ejemplo la subvención
precitada, la adopción anticipada, con cargo al Estado o a los adoptantes. Esto
último es una práctica ya efectuada en muchos casos. También acuerdos
internacionales con O N G, responsables del seguimiento y cuidado del niño
adoptado. Que sea directamente nuestro estado quien lo cuide, me aparece como
la realización de un hecho de comisión imposible.
Es cuestión de exprimir un poco más las
neuronas antes de entregarse a la
solución de
Don Emeterio
Alcalde de un pueblo agreste
Quien tomó medidas contra la peste
Ensanchando el Cementerio
Claro que la primera medida fue ésa, ensanchar
el cementerio, cuando no se tenía otra. Pero si se tiene otra, es mejor usarla.
5. El
punto 5° es una objeción de fondo. No se trata ya de las consecuencias del
aborto sino de si existe o no persona en el zigoto o feto. Porque si no existe
persona, no hay sujeto de derecho y, por lo tanto, su eliminación no sería
punible. A este respecto creo que es
necesario analizar si mi postura, contraria a la legalización indiscriminada
del aborto, está inscripta en el orden moral o el legal. Porque desde todo
punto de vista es claro que en el zigoto no existe persona en acto. Como
tampoco existe ingeniero en el estudiante de ingeniería. El estudiante está en curso de ser ingeniero, cursa (2) un modo de vida que lo llevará a ser ese ingeniero
futuro, que lo llama desde el por venir. Es el blanco hacia el cual está
dirigiendo sus flechas.
(2) Del lat. Cursäre=correr
a, y este de cursus=dirección o
carrera.
Como todo futuro que espera ser
realizado, en el estudiante está el ingeniero que espera ser realidad, es
decir, está en potencia. En su realidad estudiante, está la irrealidad
ingeniero. Desde luego que el Estado
debe hacer cuanto esté a su alcance para que el ingeniero en potencia logre
realizarse en acto. Para ello creará becas, bibliotecas, comedores universitarios,
establecerá cursos especiales etc. Hará honor a su finalidad de procurar el
bien de los ciudadanos, promoviendo que logren realizar, en acto, lo que solo estaba
en potencia. Es lo que Aristóteles definía como la finalidad del Estado: la
felicidad de los ciudadanos. Referido ahora al zigoto o vida intrauterina,
resulta que en el óvulo –ya
fecundado– está el ADN del nuevo ser, con toda la información que lo llevará
hasta la finalidad de su ser, su
entelequia ἐντελέχεια (3). Entre
ellas el sistema neurológico (entre otros), que serán condición básica para que
la persona se instale en el cuerpo, en curso a lograr su finalidad o causa
final del cambio de potencia a acto. La persona está, en grado de
posibilidad, en el feto. Puede que no
llegue a instalarse la persona en esa estructura biológica, por circunstancias
que imposibiliten este hecho (accidentes,
en-ajenación (4),
etc.) Pero no puede
negarse que en circunstancias no accidentales, cada individuo llega a ser persona,
buena o mala, mejor o peor, pero persona.
(3) Del griego en-acabamiento-tener. Realidad
que lleva en sí el principio de su acción y tiende, por sí misma a su fin
propio. Como se ve, usar la palabra entelequia como sinónimo de algo inútil e
ininteligible es propio de quienes no quieren tomarse la diligencia, el trabajo
de entender, gentes que podrían inspirar
un Elogio de la Haraganería, remedando
el Elogio de la Locura Μωρίας Εγκώμιον= literalmente
Elogio de la Tontería, de Erasmo.
(4) La persona no está, está en lo otro, en lo
ajeno, no se tiene a sí misma, por ello alguien debe representarla.
Y como todo lo real ha sido posible,
todo lo posible puede llegar a ser real, por lo que segar la vida del feto es
también segar la posibilidad de la persona. Es como si echáramos de toda universidad al estudiante
que quiere ser una persona ingeniero. Es más grave aún, porque al
proto-ingeniero le cabe la posibilidad de ser otra cosa, en cambio el indefenso
feto muerto ya no podrá ser, será nada.
6. La líbido,
como causal de embarazo no deseado, inesperado, está tangencialmente tratado –en
broma– en el
ditirambo del profesor de moral. Solo las personas de excelsa formación moral, logran
que la ética intervenga controlando sus pasiones humanas. Y aun así, esta
presión que él se ejerce, mediante la voluntad, para cumplir el imperativo
categórico, será siempre re-presión, por lo que siempre existirá el riesgo de
explosión incontinente de lo atávico y ancestral. El imperativo categórico
kantiano, si funcionara en todos los hombres, convertiría a la Sociedad en la
utopía con que soñaron los enciclopedistas del siglo XVIII y sus hijos los
liberales y los socialistas. Sería la sociedad, una máquina perfecta que funcionaría
como un reloj eterno y, como Francis Fukuyama quería –siguiendo a Hegel–, sería
el fin de la Historia. Tal vez podamos tratar algún buen día qué es eso que
llamamos Sociedad que no cumple la promesa ínsita en la palabra. La fiera que
acompaña al hombre en los sótanos obscuros de su pasado animal. Los esfuerzos
que realizan los estados por promover la solidaridad, esfuerzos que no haría
falta hacer si los hombres fuéramos todo lo sociales que promete el vocablo
Sociedad. Tal vez veríamos que la Sociedad es algo terrible que debemos asumir
y que, para curar sus deficiencias, precisa del aparato ortopédico que es el
Estado. Tal vez, tal vez el tema entusiasme y podamos mirarlo desde su dentro.
De paso podríamos refutar a Michel Foucault, y sobre todo a Zafaroni y sus
secuaces.
7. Finalmente
el tema de la responsabilidad de la madre –excluyendo los casos forzados
porque nadie es responsable de los actos realizados con vicio en la voluntad
provocados por fuerza mayor irresistible– opino de un modo, tal vez procaz,
pero muy expresivo, que condensa otro dicho de la sabiduría popular y del
sentido común (según Ortega inventor del “ser
el menos común de los sentidos”)
y que reza:
En preñar no cuesta nada, al parir son los dolores. Dicho
que aprendí, allá lejos, en mi juventud, del Dr. Julio Chavarría, mi igual en
aquellos años de inocentes fechorías juveniles.
El dolor del error… enseña.
Pero yo no puedo ni debo hablar de la líbido –asunto de la
Psicología– porque mis conocimientos sobre esos temas no pasan de opinión de
barbería. Hoy se dice opinión de café.-
Todos estos desarrollos y lucubraciones han sido incoados por
la incitación que tus dudas, –respecto
a los 5 puntos– generaron en mí.
Gratitud y reconocimiento por la intervención desinteresada
que inspiraron tus dudas. No es frecuente, en esta época, este interés por lo
inútil. Los antiguos decían de la filosofía que era
“la más inútil, pero la
más necesaria de las ciencias”.-