viernes, 19 de marzo de 2021

la estatua de colon

 

Sobre la estatua de Colón:  julio 2015.

 

Sin Colón, o lo que Colón representa, viviríamos en el mundo anterior de estas tierras. Es decir: sin aritmética, sin ciencias, sin tecnología sin progreso, sin 80 años de esperanza de vida. Y, claro está, no podríamos estar escribiendo esto, ni tampoco los detractores de Colón expectorando sus diatribas.

En suma sin cultura occidental. Es decir sin los griegos, sin la lógica, sin el derecho, sin Roma, sin arte ni música occidental, sin astrofísica sin medicina científica, sin libertades, sin comunicaciones de unos a otros, y un largo etcétera, –entre los que están las computadoras, los celulares, Tv– Tan largo etc. como la misma Cultura Occidental.

Colón fue un salto gigantesco para estas tierras. Nos guste –o no– somos sus hijos históricos, es decir continuadores de la cultura europea.

Porque cuando nacemos no nacimos ya hombres. Nacemos bebés proto - humanos cuya humanidad nos va a ser impresa, insuflada, inyectada por la sociedad que nos rodea. Nadie nace ya hombre. Somos animales nidífugas. Escapamos del claustro materno antes de estar preparados para sobrevivir. Ni siquiera podemos mantenernos en pie. Alguien que naciera y quedara solo en el mundo, si es que por un azar milagroso sobreviviera, llegaría a ser un primate más cerca de la animalidad que de lo que hoy llamamos hombre.

Hablar contra Colón es escupir al cielo. Por lo demás, así como nadie puede saltar de su propia sombra, tampoco podemos nosotros escaparnos de la humanidad en la que nos constituimos. Solo podemos, –mediante un fantástico esfuerzo de imaginación–  suponer cómo seríamos de habernos constituidos hombres en la cultura huarpe, diaguita, tehuelche, araucana o cualesquiera otra vigente en estas tierras anteriores a la implantación de la cultura europea. Yo por mi parte no quiero ni imaginarlo. Solo pensar en ello me produce cierto escozor en la piel al imaginarla con piojos, garrapatas, mugre, miasmas, y otros hedores anexos.

¡Aromas “originarios”!

Sin hablar del enorme vacío del logos, la filosofía, la historia, la matemática, la química, la física el derecho, la poesía, la música y otro interminable etcétera.

Además es bueno poner cierto lo que fueron aquellos “pueblos originarios” porque, a fuer de lo que las zurderías políticamente correctas nos dicen hoy, eran buenísimas personas, orladas de un nimbo de inocencia –de in nocendum que quiere decir no dañino  poco menos que angelitos. Son fieles seguidores de Rousseau quien sostenía que el hombre nace bueno y es bueno por naturaleza, con todos los derechos y libertades, condiciones básicas para ser hombre. Abandona su libertad un mucho a la fuerza que le imponen las ventajas de la Asociación. Porque cree que la Sociedad es una Asociación habla de Contrato Social. Pero no nació para estar asociado con otros. Lo ha hecho por  conveniencia. Y en ello fundamenta la moralidad y las normas que regulan la Asociación.

Está, pues, muy lejos de la idea de que toda sociedad se funda no en una adhesión libre de sus componentes, sino en la vigencia de los usos para los cuales no fue consultado y les vienen impuestos por la convivencia social.

Los hago sin mi original voluntad y aun contra ella.  Además,  en muchos casos, no los entiendo. Como en el saludo. Es decir: el acto que ejecuto no tiene sentido en sí –para mí que soy quien lo ejecuta– ni sé por qué hay que hacer eso y no otra cosa. Sé para qué hay que hacerlo pero no sé por qué. Actuamos en ellas mecánicamente.

¿Quién es el sujeto originario de estas acciones? LA GENTE, los demás, todos, la sociedad, nadie determinado. Aquellas acciones que ejecutamos a cuenta de un sujeto impersonal, indeterminable, que es "TODOS" y es "NADIE" y que llamamos la gente constituyen HECHOS PROPIAMENTE SOCIALES, irreductibles a la vida humana individual. Aparecen en la convivencia pero no son hechos simplemente de convivencia. Los hacemos porque se usa hacerlos. Se adoptan porque no se tiene más remedio, ya que su incumplimiento acarrearía sanciones que queremos evitar. Lo que hacemos porque se hace se llama uso.

 

El hombre está mal en la naturaleza. El animal está bien en la naturaleza, es su medio y el ambiente natural en el cual está, le permite sobre-vivir y vivir a gusto prosperar, multiplicarse. Prospera estando en ella. Si se le cambia de hábitat no encuentra lo que necesita y muere. El hombre, en cambio, crea un hábitat no natural, una sobre naturaleza en la cual si está bien. Siente bien estar. Esa creación que añade a la naturaleza es la cultura.

La suma de todas las creaciones culturales es la Historia. Por ello el hombre no tiene naturaleza sino historia. Mientras el animal es el mismo que hace 10.000 años el hombre va siendo, en cada generación, distinto. El animal de hoy estrena su animalidad como el de hace 10.000 años.

El hombre en cambio es otro porque ha heredado la humanidad anterior. El hombre es el animal heredero. Parte de lo que le deja el de cujus –e l que da la herencia, y agrega al acerbo hereditario su aporte. (José Ortega y Gasset, Pasado y Porvenir para el Hombre Actual, 1. El Mito del Hombre allende la Técnica, Conferencias en Darmstadt 1951, traducidas de la disertación  original  dada por Ortega en alemán, Rev. de Occidente, Madrid 1962, pág. 24 y ss)

Pero volvamos al hombre Originario

Y la verdad es que no eran pueblos originarios, es decir los primeros en habitar el lugar. Eran tan adventicios y aluvionales como la carne de presidio que acompañaba a los adelantados españoles. Además en materia de picar carne ajena –aunque muchas veces también la propia– tanto pehuenches, incas, aztecas y otros afines no le iban en zaga a los españoles.

Para desalojar a los otros originarios que ya estaban en el lugar, no se andaban con chiquitas ni recurrían a argumentos persuasivos fundados en los derechos humanos, –que los norteamericanos, el racionalismo, la Ilustración de los cuales nacieron los liberales y los socialistas, no habían llegado  y todavía no existían ya que, convengamos, todas las cosas comenzaron por no existir.

Arco flecha armando y lanza en ristre, blandían el argumento del ensarte, el bolazo o algún otro artilugio de persuasión contundente. Como los romanos no habían llegado por estas tierras no existía más derecho que el del más fuerte y, por un quítame allá estas pajas, mataban a los niñitos y ataban las manos de las cristianas con las tripitas del propio infante (según el mirífico relato de José Hernández en el Martín  Fierro cuando nos presenta a la cautiva que libera)

Si alguna virtud tenían estos pueblos originarios no eran la caridad, piedad, misericordia, que fueron inventos del cristianismo frente al mundo antiguo. Y yo, que soy agnóstico pero no imbécil, llamo a las cosas por su nombre. En la Ética antigua estas caricias cordiales caridad, piedad, misericordiaeran desconocidas. El ideal del hombre bueno  homérico y romano era el agathos y para serlo había que ser valiente, hábil en la guerra y la paz,  poseer riquezas y triunfar. (Historia de la Ética, Alasdair MacIntire, Ed. Paidos, Barcelona,1966,, pág. 16 ss)

No eran pues, in nocendum ni “originales” como se regodea en llamarlos la siniestra vernácula. Origen es el lugar de donde procede una cosa o persona Y los pobladores de América no eran originales de estas tierras. Habían venido por el estrecho de Bering cuando la última glaciación unía Siberia con Alaska. Los restos orgánicos de los primeros invasores datan de 12.000 años (datados mediante el método del carbono 14) y se encuentran en Norte América. A medida que fueron desplazándose hacia el sur (impulsados por nuevas oleadas de “originales” en sus andanzas y correrías recolectoras y cazadoras) los restos orgánicos van siendo datados, cuanto más al Sur, más recientes

No es presumible que los recién llagados, para instalarse en “sus tierras”, pidieran permiso cortésmente a los que asentaban con anterioridad el lugar,. Es más fácil imaginar que obraron del mismo modo que sus sucesores, de los cuales tenemos noticia, y que despegaron de “sus tierras” a los pre asentados e instalados mediante métodos convicticos nada diplomáticos.

¡Que Talleyrand y Chamberlain no andaban por estas tierras!

Usaron, claro está, las mismas armas piadosas que utilizaban para cazar a las fieras comestibles que constituían sus meriendas. Eso, cuando no ponían a sus vencidos en la mesa del condumio común, según hacían los aztecas y otros contemporáneos

¡Vamos, que hay que ahorrar proteínas y no desperdiciar oportunidad!

(Ver La Conquista de América contada Para Escépticos, Juan Eslava Galán y Arturo Pérez Reverte Conferencia Casa de América hay versión original en You Tube) 

No eran originales por las siguientes razones:

A principios del siglo XX los más granado de la Arqueología creía que el hombre había aparecido en Europa y Asia. Teníamos lo más adelantado de la época en el libro El Hombre Prehistórico y los Orígenes de la Humanidad de H. Obermaier, catedrático en Friburgo, A. García y Bellido en la U. de Madrid y Luis Pericot en la de Barcelona. Había traducción de su 8va. Ed. en la Revista de Occidente por impulso de Ortega y Gasset interesado en poner un poco de alas a la cultura hispana. Por este y otros libros estudié yo Arqueología en la cátedra de Historia de R. Zuloaga UNC. Arqueología a cargo Juan Schrödinger quien sin embargo sostenía que había que tener en cuenta los recientes descubrimientos de Moldavia efectuados por Louis Leales y su esposa de restos del australepitecus. La academia y casi todos los arqueólogos sostenían que los australopitecidos eran monos.(Piteco significa mono) No obstante y luego de mucho trajín, al descubrirse huellas de caminar, –ocultas y conservadas por una capa de ceniza volcánica– de estos ejemplares que no solo caminaban erguidos sino que por la composición de su caminar eran pies de caminar humano, no hubo dudas que los autralpitecidos eran hombres. Luego vino una fértil cosecha de restos en varios yacimientos del Este de África y también de Sureste. No los voy a nombrar porque sus nombres son extraños, difíciles de pronunciar y más aun de escribir  y el lector, que ya ha hecho gala de abundante paciencia, se cansaría. Hay tres árboles genealógicos, simplificados:

1.   El de Tobías se inicia con el  Australopítecus Africanus data 3.8000.00 años, siguiéndole el homo hábilis, el homo erectus y el homo Sapiens.

2.   El de Leakey parte del Africanus 5.000.000  termina en el Sapiens

3.   El de Johanson-White 4.000.000 termina en el Sapiens.

Abundantes hallazgos certifican que el hombre es originario de África. De allí pasó a Asia-Europa donde fue dejando huellas orgánicas y finalmente hace nos 12.000 años paso a América.

Hasta aquí el Origen del Hombre.

No hablemos pues más de  pueblos originarios que no sean los de África. 

Los de aquí son habitantes antiguos, anteriores, ancestrales. No aborigen (del latín Ab- desde y Origo -origen) que es el que vive en el suelo de origen.

 

Pero como en el Romance de Ronsesvalles

“Con la grande polvareda perdimos a don Beltrán” (Flor Nueva de Romances Viejos, Ramón Menéndez y Pidal, Colección Austral, Espasa Calpe Argentina SA, 4ta. Ed. Buenos Aires 1943 pág. 87)l

 

Y don Beltrán era la Estatua de Colón y la conquista de América vilipendiados por la siniestra vernácula.  

 

Claro que tampoco los españoles, que portaban la cruz, no como yugo sino como símbolo, se quedaron atrás.  La Mita (institución creada por los indios Incas como servidumbre a favor del Inca soberano)  fue rápidamente adoptada por los españoles –nada lerdos en copiar beldades ancestrales– la encomienda y otras dulzuras que nos trajeron los rigores de la época, poniéndonos los pelos de punta, según la leyenda negra inventada por los ingleses en su pugna contra los españoles.

Pero basta leer las crónicas de la época para advertir que la falacia de la renegrida leyenda fue el resultado del enfrentamiento entre la Potencia de la época,  España, con sus enemigos. El Tatita Isasmendi gobernador de Salta –que comprendía varias provincias aledañas– hasta el 23 de agosto de 1810 en que es reemplazado por Feliciano Chiclana, tenía en encomienda a los indios del lugar. Era realista y se enfrentó a la revuelta de Buenos Aires. Llegó a un acuerdo y se retiró a administrar sus propiedades.

Sus aventuras y lances contra los ingleses podrían servir de argumento para muchas películas basadas en hechos reales y no ficciones.  A su muerte los jefes indios reclamaron su cuerpo embalsamado para velarlo en la montaña. Luego de expresar su gratitud y reconocimiento a quien tenían en gran estima, lo devolvieron a la catedral para su entierro (parado, de pie)

La circunstancia histórica ponía a España como los yankees del momento. Eran el Imperio Español en cuyos dominios no se ponía el Sol.

 

¡¡También a los españoles se les ocurrió batir guerra contra los inventores de la imprenta!!

En los países Bajos y los principados alemanes pululaban libros y folletos (sobre todo folletos) detractando y denigrando la España Católica, bastión, baluarte y símbolo del Estado nacional español que fue el primero en constituirse como tal en Europa.( Véase la totalidad de los historiadores de Occidente y La Conquista de América contada para escépticos conferencia de Juan Eslava Galán y Arturo Pérez Reverte, Casa de América hay versión en You Tube)  De nada sirvió que el Isabel declarara que los súbditos no podían ser esclavos y que pudieran casar con españoles con solo cambiar sus dioses por Jehová, cosa que no les costaba mucho, ya que sus  dioses no los habían ayudado contra los españoles. Muy distinta fue la colonización inglesa y holandesa donde sí existía una salvaje discriminación. Bueno sería que los organismos internacionales encargados del tema de la discriminación condenaran la segregación a que fueron sometidos los habitantes en dichas conquistas. Ello, para cumplir con el lugar común actual de juzgar la historia con criterios modernos, en lugar de interpretarla como hicieron los creadores de la historiografía moderna. Me refiero a Jean de Mabillon, Leibniz, Savigni, Ranke, los historicistas. Es decir los que dieron inicio a la historia como ciencia.

Hace poco el Senado Norteamericano ha votado una declaración de auto culpabilidad y una restitución de miles de millones de dólares para los indios que fueron desplazados de sus tierras por los conquistadores que andaban a la caza del oro, en medio de la fiebre aurea. Indemnización que los aborígenes han rechazado. 

Claro está que Colón no era un padrecito franciscano, inocente angelito. Sus viajes respondían al propósito de enriquecerse y acumular rentas y poder.

Pretendía encontrar unos majuelos, si…pero de oro, una vez descartadas las ansiadas especias de oriente. Su contrato con los reyes católicos así lo muestra.

Para la gesta colombina cabría invertir el proverbio de que el camino del infierno está plagado de buenas intenciones ya que aquí el camino al cielo estaba plagado de malas intenciones.

Los indios, que no eran pueblos originarios como demagógicamente se los denominan ahora, sino homos sapiens con 12.000 años de antigüedad tenían una cultura muy primitiva. Algunos realizaban sacrificios humanos para satisfacer a sus dioses (los Aztecas que eran de lo más avanzados) cuentan con millares de víctimas

 

Hay que reivindicar a Colón no por su persona sino por su obra. Obra impensada pero no por ello menos majestuosa.

No existe hecho más importante que lo que portaban detro las carabelas del descubrimiento: La cultura occidental.

Más allá de algún facineroso que las navegaban la cultura que injertaron en estas tierras ha fructificado en grandes cosechas de inconmensurable valor.

Histórico. La erradicación de Colón es una afrenta a la cultura en que nos movemos, vivimos y somos.    

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