LOS ORÍGENES DEL PERONISMO
Antonio
Gramsci –muerto
en la cárcel fascista donde escribió sus famosas Cartas desde la Cárcel– postuló que antes de producirse un cambio político,
es necesario conseguir la hegemonía cultural, esto es, conseguir que
las ideas a injertar prendan en el
suelo social. Es decir: en los ciudadanos.
Hoy esto se llama
Revolución Cultural.
Esto
había pasado con la Revolución Francesa, la cual es imposible imaginar, –no
digamos realizar– sin la previa difusión,
divulgación y adopción de las ideas iluministas. Ideario que se propagó
rápidamente en las mentes más preclaras de la época. Ideas que alumbraron todo
el siglo XVIII. Siglo que –a su vez– pendía del racionalismo moderno creado por Descares,
Leibniz, Spinoza, etc. El racionalismo moderno es la creencia básica en que se fundaron
las teorías políticas de los padres de la constitución norte americana y –sobre
todo– de la revolución francesa. Es decir las ideas de Rousseau, Montesquieu, Voltaire, D´Alembert, Diderot, Buffon, Fontenelle y un largo
etcétera… habían ganado la batalla contra los clásicos. El movimiento de la Ilustración echó raíz en la intelectualidad del siglo XVIII, ganando la batalla para los modernos y creó el suelo social propicio para que prendiera.
Explotó al nacer en 1789, pero se gestó en la matriz de la Ilustración
durante el siglo XVIII
🔺Antes que Gramsci Ortega y Gasset había tratado a fondo este tema de las revoluciones en Ideas y Creencias, El ocaso de las Revoluciones, En torno a Galileo,
Historia como Sistema, Epílogo del alma desilusionada, Interpretación Bélica de
la Historia, Vieja y Nueva Política (1914), Sobre la Razón Histórica, Una
Interpretación de la Historia Universal …
En abreviatura:
la «revolución», en Ortega, se da solo con el cambio de creencias y –consecuentemente–
de los usos. El objetivo es reflexionar sobre su posible adecuación al momento
histórico que nos ha tocado vivir.
¿Se puede hablar hoy de «revolución»? ¿En qué
sentido?
Habitualmente se tiene la idea de
«revolución» como el enfrentamiento violento contra la injusticia de un orden
establecido. Frente a esta concepción, Ortega expone una definición de
«revolución» como modificación del estado de espíritu del hombre, de sus creencias.
La
revolución es contra los usos, no contra los abusos –dice Ortega–
«Lo menos esencial de las verdaderas revoluciones es
la violencia Aunque ello sea poco probable, cabe inclusive imaginar que una
revolución se cumpla en seco, sin una gota de sangre» (1).
La revolución es contra los usos, no
contra los abusos.
Hay que entender esta idea en un sentido abisal. Por
supuesto hay revueltas, rebeliones, algaradas, sediciones hasta sublevaciones –más o menos cruentas– contra el orden constituido.
Sin embargo estos desordenes se producen
contra los ab-usos que se oponen a los usos. Los usos ordenan la convivencia. Ordenar
no en el sentido militar de mando, que tiene el vocablo orden o mando que emana de alguien externo y que se
cumple por obediencia.
El orden en que conviven y obedecen las
sociedades emana del imperio que los usos vigentes ejercen sobre todos nosotros, sobre
la gente.
Ordenar
vine de ordo=orden,
que en su sentido inicial significó alinear los hilos del telar para comenzar a
tejer. Así el verbo ordior significó,
primero, comenzar a tejer y luego pasó a significar todo comenzar. Ordo=orden es simplemente urdir. Y esta es una
tarea probablemente femenina. Todo esto antes de que tengamos plena visibilidad
histórica. Cuando comienza la historia, con la escritura, el concepto orden ha
pasado del pacífico telar al otro extremo y comienza –en la historia– por tener
ya un sentido técnico militar. El orden son las filas de los soldados –no de los hilos– que componen la unidad táctica. De aquí
que se dividiese el ejército romano y, por reflejo los electores romanos en orden
senatorial, orden ecuestre y orden plebeyo y que toda la historia romana sea
la lucha y concordia oscilante entre los tres órdenes; la concordia se llamaba siempre concordia órdine
(Una Interpretación de la Historia Universal, Revista
de Occidente Alianza Editorial Madrid, 1958, 1979, Pág. 117 ss, José Ortega y
Gasset)
Los usos son el objeto fundante de toda
sociedad.
No se niega el justo enfrentamiento del hombre a
toda situación que lo condicione e impida su progreso. Pero el mismo concepto, sentido, sentimiento –es decir la vivencia– de «bien» o «mal», de «justicia» o «injusticia» cambia con los tiempos. Todo hombre está instalado, concreado, en un cuerpo, condición sexual, en una época determinada en la cual están vigentes unas creencias sobre las circunstancias que forman parte de su ser, toda vez que no es un ser abstracto sino un ser concreto que tiene que vivir en la circunstancia en la cual se encontró de repente viviendo. Sin que nadie le hubiera preguntado si quería o no vivir.
Esta vida le fue dada
"pero no le fue dada hecha sino que tiene que hacerla, realizarla en la circunstancia en la cual cayó de tal modo que esa concreta y particular circunstancia forma parte de el"
de tal modo que si no precisamos cual era la circunstancia en que un hombre vivió no podremos entender su vida. Por ejemplo:
Agathos en griego suele traducirse por bueno. Eran las
cualidades que debía tener un líder. Sin embargo para ser agathos dice W Adkins (Merit and Responsabiltyin Greek Ethics, pág. 32/33) era
imprescindible ser valeroso, hábil y afortunado en la guerra y en la paz; se debe poseer la riqueza y –en la paz– el ocio que constituyen simultáneamente las condiciones necesarias para el desarrollo de esas habilidades y la recompensa natural de su utilización afortunada (Historia de la Ética Alasdair MacIntyre, Paidós, Barcelona 1981, pág. 15 y ss)
El “bien” o “mal”, “justicia” o “injusticia” cambian con los tiempos. Cuando cambian los usos.
Así, aquellos que luchan por mejorar sus
condiciones de vida y sus oponentes –defensores del orden establecido– tienen
en común mucho más de lo que aparentan. Comparten un mismo paisaje histórico y
social. Conviven su tiempo
¡Cuántas veces el nuevo orden revolucionario de los que llegan, no
resulta ser más opresor de los que se fueron. !!
Cuántas veces no se comprende cómo se desvirtuaron
aquellas sentidas ideas revolucionarias. Sucede que no se tiene en cuenta el
sentido histórico del acontecer humano y, mucho menos, se tiene una idea
aproximada de cómo es su mecanismo. Ello ha dado razón al aforismo la revolución devora a sus propios hijos
La revolución es
contra los usos.
Cada ser humano, al nacer, se encuentra
en una determinada circunstancia que no ha elegido. Esta circunstancia está
constituida por hombres, acontecimientos, objetos, valores, creencias,
tradiciones y, en general, una serie de vigencias (usos) propias de ese momento histórico en el
que a uno le ha tocado caer. En ese paisaje que nos encontramos “ya hecho”
tenemos que constituirnos. Ingresar a ser hombre. Dice Ortega:
«...al animal le es dado el repertorio
de su conducta, que va, sin su intervención, gobernada por sus instintos. Pero
al hombre le es dada la necesidad de tener que estar haciendo siempre algo, so
pena de sucumbir, mas no le es de antemano, y de una vez para siempre presente,
lo que tiene que hacer. Porque lo más extraño y azorante de esa circunstancia,
o mundo en que tenemos que vivir, consiste en que nos presenta siempre, dentro
de su círculo y horizonte inexorable, una variedad de posibilidades para
nuestra acción, variedad ante la cual no tenemos más remedio que elegir y, por tanto,
ejercitar nuestra libertad.» (2)
Cuando se dice que estamos entre la espada y la pared queriendo indicar que no tenemos opción, está claro que aun en esta situación extrema podemos elegir entre la opción valiente -la espada- y la otra, -la pared.
La libertad implica siempre una forzosidad,
tener que elegir. Somos a la fuerza libres. Porque aun quien
decide no elegir, ha elegido eso: no
elegir. De este modo, la vida personal que es, en esencia, libertad, se encuentra
limitada por el abanico de posibilidades que le ofrece la circunstancia en que
se encuentra. Estas posibilidades se presentan al hombre en forma de
facilidades o dificultades en el camino de su vida, pero también, como una estructura de creencias, valores y
conductas propias del momento histórico en que vive.
Se trata de una
sensibilidad y un modo de ver el mundo que constituyen su visión de la
«realidad» paradigma (3), aquello de lo que no se hace cuestión porque se «da
por hecho» y que, sin embargo, podríamos decir que ejerce la mayor influencia
en el momento de decidirse por una u otra opción. En definitiva, no tenemos la
sana costumbre de preguntarnos «quiénes somos», de ponernos en contacto con
nosotros mismos, con nuestros hábitos de pensamiento, de sentimiento y
conducta, sino que, más bien, solemos dar por sentado que somos como somos y el
mundo es como es, un poco «porque sí»... Y, desde esa actitud inveterada es
difícil comprender cualquier proceso, cualquier cambio, y menos el proceso evolutivo
humano que responde a intenciones, a intereses, valoraciones... elementos éstos
que no se encuentran en la naturaleza, en el mundo de los objetos. Esta visión
cosificadora (positivista) de la realidad humana es ahora creencia colectiva.
Volvamos a las palabras de Ortega:
«..
en esa área básica de nuestras creencias –nuestra incuestionada visión de la realidad– se abren, aquí o allá, como escotillones, enormes agujeros de
duda. Éste es el momento de decir que la duda, la verdadera, la que no es
simplemente metódica ni intelectual, es un modo de la creencia y pertenece al
mismo estrato que ésta, en la arquitectura de la vida. También en la duda se
está. Sólo que en este caso el estar tiene un carácter terrible. En la duda
se está como se está en un abismo, es decir, cayendo. Es, pues, la negación de
la estabilidad. De pronto sentimos que bajo nuestras plantas falla la firmeza
terrestre y nos parece caer, caer en el vacío, sin poder valernos, sin poder
hacer nada para afirmarnos, para vivir. Viene a ser como la muerte dentro de la
vida, como asistir a la anulación de nuestra propia existencia. Sin embargo, la
duda conserva de la creencia el carácter de ser algo en que se está, es decir, que no lo hacemos o
ponemos nosotros. No es una idea que podríamos pensar o no, sostener, criticar,
formular, sino que, en absoluto, la somos. No se estime como paradoja, pero
considero muy difícil describir lo que es la verdadera duda si no se dice que
creemos nuestra duda.» (4)
En ese contexto hablamos de «revolución». La verdadera revolución
se produce cuando hay un cambio profundo en la forma mental, en las creencias,
valores, sensibilidad de la gente, en definitiva, una transformación del modo
de ver el mundo, del estado de conciencia, de la representación que nos hacemos
de la realidad. Lógicamente, esto no se produce de forma instantánea y «porque
sí» sino que es preciso que el anterior esquema vigente caduque, deje de tener
sentido, de dar respuestas (opciones, posibilidades) al ser humano, es decir,
entre en crisis. Cuando una generación se hace cuestión de la realidad, del
paisaje humano en que vive, es porque ese sistema de creencias deja de tener
vigencia, pero, a la vez, tampoco hay un nuevo paradigma que lo sustituya. En
esos tiempos de tránsito el hombre se encuentra náufrago en un mar de dudas y
sin tener donde aferrarse.
De todo esto
podemos colegir, entre otras cosas, que la historia es un proceso (y no una
simple sucesión de acontecimientos) en el que se reproduce un esquema
evolutivo, que sigue unos pasos, que tiene unos ciclos. Por supuesto, no nos
referimos a las teorías evolucionistas que parten de Spencer y el darwinismo
social (marcadamente
positivistas) sino, más bien, a la línea postulada por Ortega y la «razón
histórica». El conocimiento parte de la experiencia vital, de la aprehensión
del dato por la conciencia, o, dicho de otro modo: nuestra visión de la
realidad depende no sólo de las condiciones
externas del mundo sino de nuestra interpretación sobre la base de todos
los elementos que constituyen nuestra vida. No debemos perder, por lo tanto,
esta perspectiva vital cuando hagamos una lectura del proceso histórico, porque
ella es la que nos va a permitir descubrir una cierta continuidad, un cierto
sentido que facilite nuestro aprendizaje del pasado (nuestra memoria histórica) para poder
orientarnos en el presente.
Desde esta
perspectiva vital, se entiende la idea de ciclo como distintos momentos, o
etapas conectadas, por las que se debe pasar en todo proceso, como en la propia
vida pasamos por la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez. En ese
sentido, Ortega observa tres estados de espíritu por los que ha pasado el
hombre en las distintas épocas históricas. Se trata de un mecanismo del
desarrollo histórico; el proceso de formación, consolidación y declinación de
las civilizaciones. Explica Ortega:
«Entonces se advierte que en cada una de esas
grandes colectividades el hombre ha pasado por tres situaciones espirituales
distintas, o, dicho de otra manera, que su vida psíquica ha gravitado
sucesivamente hacia tres centros diversos. De un estado de espíritu tradicional
pasa a un estado de espíritu racionalista, y de éste a un régimen de
misticismo. Son, por decirlo así, tres formas diferentes del mecanismo
psíquico, tres maneras distintas de
funcionar el aparato mental del hombre» (5)
Este esquema –simplificado–
de las modificaciones de la psique humana se corresponde con un ciclo histórico
completo. (6)
Nuestra
civilización actual –que no hemos de olvidar, es la primera en abarcar todo el planeta– ha agotado la
etapa racionalista. La época mística, o pre-religiosa que le sucede, se
caracteriza por ser una etapa de decadencia, de crecimiento de la superstición
y el irra-cionalismo. Ortega pensaba esto con relación al comunismo de 1917 y
también a los fenómenos de idolatrización de líderes de la época: Stalin,
Mussolini, Hitler, etc. Sin embargo es de rigorosa actualidad si vemos que la
política está cayendo en lo que es su contrario: el populismo.
Una forma de
misticismo que renuncia al pensar individual y se entrega al mito colectivo.
«Después de la derrota que sufre en su audaz intento
idealista, el hombre queda completamente desmoralizado. Pierde toda fe
espontánea, no cree en nada que sea una fuerza clara y disciplinada. Ni en la
tradición ni en la razón, ni en la colectividad ni en el individuo [...] incapaz el espíritu de
mantenerse por sí mismo en pie, busca una tabla donde salvarse del naufragio y
escruta en torno, con humilde mirada de can, alguien que le ampare. El alma
supersticiosa es, en efecto, el can que busca un amo. Ya nadie recuerda
siquiera los gestos nobles del orgullo, y el imperativo de libertad, que resonó
durante centurias, no hallarían la menor comprensión. Al contrario, el hombre
siente un increíble afán de servidumbre. Quiere servir ante todo: a otro
hombre, a un emperador, a un brujo, a un ídolo» (7)
Pero esta etapa
decadente y pre-religiosa es el caldo de cultivo para el nacimiento de un nuevo
espíritu, un nuevo tipo de hombre a la
altura de la nueva civilización planetaria que se está gestando Esto
será posible si somos capaces de aprovechar la oportunidad histórica que la
circunstancia nos ofrece.
Es bueno traer a
colación unas palabras de Silo, pensador mendocino muerto en 2010, en torno al
proceso revolucionario y su dirección:
«Debemos distinguir entre proceso revolucionario y
dirección revolucionaria. Desde nuestra posición, se entiende al proceso
revolucionario como un conjunto de condiciones mecánicas generadas en el
desarrollo del sistema. En ese sentido, tal desarrollo crea factores de
desorden que, finalmente, son desplazados, se imponen, o terminan
descomponiendo la totalidad del esquema. De acuerdo a los análisis que llevamos
hecho, la globalización a la que se tiende en estos momentos está presentando
agudos factores de desorden en el desarrollo total del sistema. Se trata de un
proceso que es independiente de la acción voluntaria de grupos o individuos. Ya
hemos considerado este punto en más de una ocasión. El problema que se está
planteando ahora es, precisamente, el del futuro del sistema ya que éste tiende
a revolucionarse mecánicamente sin mediar orientación progresiva alguna. La
orientación en cuestión depende de la intención humana y escapa a la
determinación de las condiciones que origina el sistema. Ya en otros momentos
hemos aclarado nuestra posición respecto a la no pasividad de la conciencia
humana, a su característica esencial de no ser simple reflejo de condiciones
objetivas, a su capacidad de oponerse a tales condiciones y pergeñar una
situación futura diferente a la vivida en el momento actual. Dentro de ese
modo de libertad, entre condiciones, interpretamos la dirección revolucionaria»
(8)
(Esta característica de
ser independientes del querer o de la voluntad de los hombres es propia a todas
las verdaderas revoluciones que han signado la aventura humana en el planeta.
Comenzando por la revolución sedentaria, la agraria y la domesticadora reproduciendo
animales en cautiverio, superando a la recolectora, la escritora con su
secuencia de revolución culturizadora, y saltando las religiosas, la navegadora
(el galeón) que descubre mundos y acorta tiempo a la transmisión de los usos, la
de los derechos, la industrial, las comunicaciones, la informática, la globalizadora,.
Intertanto estas novedades llegan a imponerse y convertirse en usos
(en su
estricto sentido de vigencias colectivas) todas han tenido un período de inhumanidad que posteriormente ha
sido necesario corregir.
Los adelantos se presentan sin pedir permiso. Porque son el futuro
haciéndose presente. Compete al derecho y a la legislación domesticarlos a su
tiempo. Y ninguna se impuso por la fuerza del aparato militar imperialista,
sino por su superación del pasado, que hizo
inevitable su adopción Por eso dice Ortega:
«Lo menos esencial de las verdaderas revoluciones es
la violencia. Aunque ello sea poco probable, cabe inclusive imaginar que una
revolución se cumpla en seco, sin una gota de sangre»)
Dice Silo:
En conclusión: Hoy estamos asistiendo al
asentamiento de un nuevo imperio de carácter mundial bajo la hegemonía de los
EE.UU., que, como en otras épocas, acabará imponiéndose por la fuerza de su
aparato militar. En este intento por implantar definitivamente el «Nuevo Orden
Mundial» –que se corresponde con la
imposición del modelo económico y social del neoliberalismo a ultranza–
se quiere barrer con toda diversidad cultural, ideológica y de todo tipo, e
instaurar la filosofía del pensamiento único. Esto supone, en última instancia,
la «globalización» que tan justa oposición encuentra en todo el mundo. El éxito
de la «globalización» pasa por el completo vaciamiento de la subjetividad
humana y por la anulación de todo valor que no esté estrictamente supeditado al
nuevo Dios supremo: el Dinero. La pleamar de la deshumanización y la violencia.
Sin embargo, paralelamente a la
globalización, se observa otro proceso que viene acompañando y que puede
suponer la alter-nativa a un sistema que da sus últimos coletazos. A este
proceso lo podemos llamar «mundialización» y viene caracterizado por una nueva
sensibilidad que capta al mundo en su totalidad. Que comprende que todo cambio
sólo tiene sentido si comienza por uno mismo y se continúa en el medio
inmediato. Que percibe que lo que está pasando a miles de kilómetros también le
afecta. Que tiende a la convergencia en la diversidad, buscando factores de
unión entre las personas y culturas donde cada uno aporta lo mejor en una
dirección común. En resumen, se percibe el nacimiento de un nuevo estado de
espíritu, un nuevo modo de ser, de sentir y de relacionarse. Este proceso, esta
dirección revolucionaria que
observamos, dista mucho de ser algo mecánico o espontáneo, sino que sólo puede
presentarse en aquellos que, después de hacerse cuestión del mundo en que
viven, llegan a la conclusión de que éste conduce a un callejón sin salida y
comienzan a ser protagonistas de su propia vida. (8)
Claro está que este
cambio puede comenzar a darse en una minoría pensante, y no está dicho que
llegará a convertirse algún buen día en uso social vigente. Molesta tener que
aclarar que los usos son sociales. Los usos personales no son usos sino
hábitos. No es constitutivo al uso ser habituales. Estas últimas expectoraciones entusiastas de Mario
Rodríguez Cobos (Silo) son futurología de la razón pura. La razón histórica
postula otra cosa
(1)
Ortega, El ocaso de las
revoluciones.
(2)
Ortega, El Hombre y la gente
(3)
En el sentido acuñado por
Thomas Kuhn
(4)
Ortega Ideas y Creencias
(5)
Ortega Epílogo del alma
desilusionada
(6)
Faltaría explicar mínimamente
estas situaciones. Ver texto original
(7)
Ortega Epílogo del alma desilusionada
(8)
Silo, Cartas a mis amigos.
Sobre la crisis social y personal en el momento actual
La
estrategia de Gramsci
Gramsci sostenía que ninguna ideología podía imponerse
por la fuerza. Toda revolución violenta genera, como inmediata respuesta, una
contra-revolución que debilita y hasta puede superar la fuerza de la primera.
Todo cambio exige una mentalización previa que abone la tierra donde el cambio
debe florecer. El ideario marxista no escapaba a esa regla.
Por ello diseñó su estrategia del siguiente modo:
Para imponer un cambio ideológico era necesario comenzar
por lograr la modificación del modo de pensar de la sociedad civil (pueblo
o habitantes de un determinado país) a través de pequeños cambios realizados en el tiempo en
el campo de la cultura. Había que construir un Nuevo Pensamiento. Crear lo que
él llamaba el Sentido Común de la gente, entendido como el modo común de pensar
de la gente que históricamente prevalece entre los miembros de la sociedad.
Había que lograr que la sociedad civil alcanzara un nuevo modo de "ver la vida y sus valores". Para
Gramsci, esto era más importante, y prioritario, que alcanzar el dominio de la
sociedad política. (Conjunto de organismos que ejercen el
poder desde los campos jurídico, político y militar).
Para lograr que la sociedad civil (el
pueblo soberano, la opinión pública) llegara a tener un modo común de sentir y pensar (sentido
común), era
necesario adueñarse de organismos e instituciones en donde se desarrollan los
valores y parámetros culturales: los medios de comunicación, Universidades,
escuelas, enseñanza secundaria y las artes. Hacia allí había que apuntar. Con
paciencia, con el paso del tiempo, educando a las nuevas generaciones desde su
niñez. (Ej.: la China de Mao; la Cuba de Castro, la
Venezuela de Chávez Maduro, Corea de Kin Jae).
Después de cumplido este proceso a lo largo de los años,
la consecución del poder político caería por su propio peso, sin revoluciones
armadas, sin resistencias ni contra-revoluciones sin necesidad de imponer el
Nuevo Orden por la fuerza, ya que el mismo tendría consenso general.
Obstáculos a superar para el
éxito del proceso
El mismo Gramsci señaló que, para que el proceso fuera
exitoso, habría que sortear 2 obstáculos:
La iglesia católica y la familia.
¿Por qué la iglesia católica?
Porque Gramsci pensaba que la razón de la permanencia de
la Iglesia a través de los siglos se apoyaba en los tres puntales siguientes:
a)
La
profesión de una fe firme e inquebrantable, sin concesiones, y la constante
repetición de los mismos contenidos doctrinales. De este modo pudo lograr un
fuerte sentido común (modo de pensar) en el pueblo a través de los siglos.
b)
Haber
logrado amalgamar en su seno tanto al pueblo analfabeto, a la clase media y a
la élite intelectual propia. En efecto, ninguna filosofía inmanentista,
incluyendo el marxismo, había acertado a unir en un mismo sentido común o
creencia, a los intelectuales y al pueblo, a los doctrinarios y los
practicantes, a los expertos y los neófitos (o
"iniciados").
Gramsci, en eso, envidiaba a la Iglesia
c)
Por
último, mientras el marxismo exigía al hombre luchar para el logro de una
sociedad sin clases en el aquí y ahora, porque con la muerte terminaba todo, la
Iglesia había logrado con-vencer al hombre hacia la trascendencia, al más allá,
y con ello no solamente había dado un respuesta al sentido de la vida sino
también al sentido de la muerte.
¿Por qué la familia?
Está claro que si la estrategia consistía en la formación
de un modo de pensar a través de la educación en los nuevos valores
revolucionarios, la familia, –primera
educadora del hombre desde su nacimiento y durante los primeros y cruciales 5
años de vida–, era
un estorbo intolerable.
Lo importante –en
Occidente– es que aun los
que no son cristianos –incluso
los agnósticos y los ateos–
han sido educados en creencias morales y éticas propias del cristianismo y
actúan en sus vidas consolidando esas creencias en la vida social vigente. Por
ej. honran a sus padres, es malo mentir, hay algo non santo en desear la mujer del prójimo, no se debe jurar en vano,
etc. Con lo cual la tarea es inmensa ya
que desarraigar estas creencias en personas ya formadas y conformadas en los
valores de Occidente es pena de amor
perdido. No queda otro camino que el
del largo plazo para formar una nueva generación desde la niñez.
Estrategia para superar éstos
obstáculos según Gramsci
a)
Desprestigiar
a la iglesia, en lo posible con la descalificación de su doctrina (reiterar que
"la
religión es el opio de los pueblos" Marx) y de sus miembros jerárquicos (clero y vida consagrada).
Con la desvalorización del amor y su
reducción a puro sexo y erotismo muchos de los punteros (así
los llaman para manchar su imagen) del
cristianismo (pastores,
monjas, curas, obispos, etc.)
se han contaminado y son sodomitas, homosexuales, pedófilos.
La antigua labor
de formación infantil que realizaban estos educadores ha sido manchada por
escándalos que se expanden como mácula impura, ocultando la inmensamente mayoritaria tarea que realizan a diario
los educadores no contaminados.
b)
Destruir
la familia, presentándola como una institución anacrónica del pasado, ya
superada, incapaz de educar. Retirando a los niños desde su más temprana edad
de la influencia de sus padres, mediante la educación masiva en la "nueva
cultura". (Experiencia de las granjas colectivas o
educación a distancia.).
O interviniendo en la educación de los
aspectos fundamentales de su vida desde la escuela y sin la participación de
los padres, pretextando que, por ausencias
de los padres ante compromisos laborales ineludibles, los niños queden bajo
la influencia de la educación de los contra valores a través de la
radio, televisión medios de comunicación masivos, ambiente vigente sin valores morales que hace ver normal el
vive como quieras…
Y ahora, mediante la reforma educativa,
obligando los a recibir instrucción sexual tendenciosa y deformadora de la
persona en cuanto a su instalación corporal, es decir biológica.
Porque la persona, es el proyecto biográfico de ser en el futuro lo que no soy
ahora. La persona no está
incondicionada en el mundo. Se es persona con una circunstan-cia en la cual se
está., La persona está instalada en la
época en que le tocó vivir, el tiempo, el cuerpo que le tocó en suerte y con el cual tratar su circunstancia,
el lugar y ambiente cultural y las creencias
vigente en esa época.
O lo que es igual
la persona es en función de la
instalación de tiempo, edad, lugar, la perspectiva, el cuerpo (el
aquí que me clava como un clavo, con un vocablo en español que comienza con una
a, tan abierta a toda posibilidad y termina con una í, tan aguda, que me clava como un clavo: a-quí)
Todo
esto es necesario realizar si se quiere instalar una revolución que sea
exitosa.
Y finalmente...
Parecería que
vivimos en un mundo diseñado por Gramsci: se han invertido las valoraciones
morales y políticas, se busca des jerarquizar todo lo valioso, se exalta todo
lo que sea o implique "horizontal ismo", se "de construye"
el sano pensamiento filosófico, de forma tal que queda "pulverizado"
en una multitud de nuevas ideologías y "filosofías" cuyo sólo empeño
es "desmitificar", "secularizar", "desacralizar".
Se dice por ej. “mi verdad relativa” con lo cual se acepta desde ya que no
existe la verdad.
Cuando lo cierto
es que toda verdad personal es
absoluta, de lo contrario no es verdad personal. Yo creo en lo que creo de un
modo absoluto, no relativo. La que es relativa es la realidad no mi perspectiva
de ella que es verdad, porque me es presente. Esa es la relatividad de Einstein.
La realidad es la relativa:
<<Las
leyes según las cuales se modifican los sistemas físicos son independientes del
hecho de cuál de los dos sistemas de
coordinados sea el afectado por esas modificaciones
siempre que los dos se hallen en
un movimiento uniforme de traslación>> (9)
(9)Lo decisivo que debemos
decir es que ésta perspectiva no lo
es desde el observador, con lo cual se caería en el relativismo, según el cual
la verdad, solo es verdad, para un determinado sujeto. Urge distinguir
relativismo de relatividad. Según el principio de la relatividad, el suceso A,
que desde la Tierra precede en el tiempo al suceso B, desde Sirio (que está a 9
años luz) el suceso B precede en el tiempo al suceso A. El viejo concepto de
simultaneidad newtoniana que era observado por un observador fuera de tiempo y espacio
no existe. Todo observador lo es en un espacio–tiempo de un Universo finito. Así, el
habitante de la Tierra que –en un momento– ve la explosión de una estrella A
que simultáneamente está explotando con otra estrella B, nos dirá que primero
explotó A y mucho tiempo después explotó B. Inversamente el habitante
avecindado en Sirio nos dirá lo contrario.
Que primero explotó B y mucho tiempo después A
No cabe inversión más completa de la
realidad ¿Quiere esto decir que nuestra
imagen es falsa, o que lo es la del avecindado en Sirio? Ni el terráqueo ni el
siríaco deforman lo real. Lo que ocurre es que una de
las cualidades propias de toda realidad, consiste en tener, ella, una
perspectiva, esto es, en organizarse de
diverso modo para ser vista desde uno u otro lugar. Espacio y tiempo son ingredientes de la
realidad física y varían según el punto de vista. No son, pues, condiciones de la posibilidad del
conocimiento que pone el sujeto, para fabricar las cosas, como decía Kant. (Ver Einstein y Ortega: La Interpretación por Ortega
y Gasset de la Teoría de la Relatividad de Ramón Vadillo Arnáez, está en mi PC,
carpeta Mis Libros)
Esta relatividad, predicable de toda realidad –no solo de la
física– fue expuesta por Ortega, en la introducción del primer Espectador, en
enero de 1916, en un ensayo que tituló formalmente Verdad y Perspectiva, cuando
aún no se había publicado nada de la teoría de la relatividad general, la cual,
volando sobre las trincheras de la guerra, se conoció recién en el curso de ese año.
Véase hasta qué punto las ideas son texto, de un contexto sobre el cual
flotan. En este contexto está también
Freud que, aunque mayor que Einstein,
Plank, Ortega y Heidegger, va a producir en Psicología una revolución similar:
Entender que el observador que observa desde una perspectiva absoluta, no
existe, y por tanto la ciencia no puede hablar de él. Pero eso no hace que sea imposible el
conocimiento, ya que lo relativo es la realidad, no el conocimiento. Prueba de
ello fue la constatación definitiva con que en 1919, Eddington verificó la
certidumbre de los cálculos, con motivo del eclipse de Príncipe, que dio a las
formulas de Einstein el carácter de principio y cuya formulación más general es
esta.: "Las leyes según las cuales se modifican los estados de los
sistemas físicos, son independientes del hecho de cual de los dos sistemas de
coordinados, sea el afectado por esas modificaciones, siempre que ambos se
hallen en movimiento de traslación uniforme". El cálculo dio exacto: El
rayo de luz de la estrella se desvió en 1,75 segundos de arco, dos veces la
desviación gravitatoria indicada por la teoría Newtoniana.
El problema de si existe o no la
verdad y, en su caso, qué es la verdad o la inexistencia de la misma, excede
con mucho los claustros universitarios. Más aun, ha llegado a ser un problema
académico porque antes es un problema vital, un asunto personal de cada uno.
Actúo en mi vida dando por sentado
que la verdad existe. Es una creencia que rige
todos mis actos diarios, desde los más prosaicos y humildes a los más egregios.
Así, cuando voy a cruzar la
calle, tengo en cuenta el automóvil que se me acerca porque considero una
verdad que el auto existe y se aproxima. Me doy cuenta que si ignoro esta
verdad seré atropellado y tal vez muera. El auto me es presente como me son
presentes mis pies con los que eludo su embestida. Por este camino vivencial –que encuentro en mi vida, y cada cual
en la suya–
puedo llegar a una primera aproximación:
1.
Verdad es aquello que me es presente. Y –por serme presente– existe. Por ej. éste libro que
tengo delante mío –aquí– me es presente y por eso es verdad que es un
libro y no un rinoceronte. Pero este libro que me es presente a mí también le
es presente al otro que está enfrente. Al levantarlo yo y mostrárselo, le es
presente a mi vecino el mismo libro.
2.
Pero, ¿es el mismo libro que yo veo? Porque yo veo la tapa del libro,
mientras él ve la contratapa, que es otra cosa que la tapa. Ambos tenemos el
libro presente aunque lo que a mí me es presente no le es presente a él. Ambas
presencias son distintas ya que responden a perspectivas diferentes. Cada una
es presente, pero desde una aquí diferente.
Sin embardo a pesar de no serme presente la visión del otro yo se que lo que él
ve es la contratapa. Ello porque yo he tenido la contratapa presente, en un
pasado.
3.
Este modo de hacérseme presente lo que no me es ahora presente sino pasado, es lo que Husserl llamó lo compresente.
No me es presente la contratapa pero me fue presente en el pasado.
4.
Bien entendido: que al no serme
presente la contratapa, ésta será siempre una construcción de mi mente y, como
tal, siempre dudosa y contingente. Ello se pondría de manifiesto si al dar
vuelta yo el libro me encontrara con que en lugar de la contratapa hubiera un
teléfono. Mi sorpresa sería mayúscula y pensaría que he sido víctima de un
artilugio o alucinación. El demonio maligno cartesiano
De esto hechos
hay que sacar las conclusiones que se imponen como necesarias:
1.
Que toda presencia de algo a la mente, impone su verdad
2.
Que toda integración de lo presente con lo compresente es una
construcción y, por lo tanto, no está ahí sino que es sub-puesta por mí
Estas conclusiones implican
conceptuar lo evidente.
Pero volvamos a
Pareto que “en la polvareda se nos perdió don Beltrane”.
EL PERONISMO
Cuando
se preguntan en el extranjero qué es el peronismo, nadie parece comprenderlo. Lo cual no es extraño ya que tampoco
en la Argentina parece haber quien tenga mucha claridad sobre este asunto y
pueda darnos la luz para definirlo. Alain Touraine dice haberse acercado a
entenderlo y lo estima un sentimiento antiliberal.
No
lo define, lo mira nacer, hace su Historia Genética
No
es posible definir un sentimiento. Pasa esto también con los colores o el amor,
el amanecer o la música.
¿Quién puede definir una sinfonía de
Beethoven, un cuadro de Cézanne o una poesía de Borges?
Y
es que definir es una actividad racional. Y el peronismo es, no un fenómeno racional,
sino uno sentimental, emocional, un creer y un querer.
Instalado por Perón
en el período de 1943–1955,
se convirtió en una creencia popular arraigada en un sentimiento. En su base
está un fuerte rechazo al liberalismo. Liberalismo que imperó desde 1853 a 1943
no solo en los gobiernos sino en la sociedad argentina.
La frase “Orden y
Progreso” fue una creencia social
durante 90 años. Hasta había clubes, llamados “Orden y Progreso”, en todo pueblito del
interior.
Claro
está que no hablamos de creencia en el sentido religioso que tiene en el habla
popular. Hablamos de creencia como fundamento en el cual se sientan y
asientan las ideas. Son las creencias de
que hablábamos antes con Ortega y Gramsci.
Esa
creencia liberal creía que la riqueza era resultado del trabajo. Eso creían
nuestros abuelos (los míos que nacieron en Francia en 1863
y vinieron a Argentina en 1904, así creían)
La
constitución de Alberdi lo consagraba en todos sus capítulos. Desde el derecho
de propiedad (que era absoluto) hasta
las libertades y derechos individuales (hoy rebautizados,
por los yanquis, como derechos humanos).
Ello
posibilitó –aunado a especiales
condiciones económicas del mundo–
que la inmigración europea cayera en forma de aluvión sobre nuestras costas. Hubo
momentos en que los inmigrantes eran más que los argentinos. Ello llevó a
sancionar leyes como la de Educación Patriótica de 1908, o la Ley Lainez de 1905.
Se trataba de prevenir la posible pérdida de la identidad nacional –de dudosa existencia
en la época–. (10)
Como resultado de estas leyes
se produjo una nacionalización en todos los
órdenes.
Por
ejemplo en historia se crearon mitos destinados a encender la imaginación
infantil con todos los héroes de la
independencia (un ej. el negro Falucho, de Mitre)
en botánica se exaltaban las especies
nacionales (2)
(la flor del ceibo, el ombú: “Cada comarca en la Tierra tiene un rasgo prominente, el
Brasil, su sol ardiente; minas de plata, el Perú; Montevideo, su cerro; Buenos
Aires –patria hermosa– tiene su pampa grandiosa; la pampa tiene el ombú”.).
(10) Es sorprendente
estudiar hasta qué punto esa arrogancia y hasta soberbia que distingue al
argentino en el extranjero tenga su origen en esta exaltación de lo argentino
como lo mejor del mundo, introducida en la mente de nuestra infancia desde1908.
(11) Ver La Educación
Patriótica de Carlos Escudé
Con
clarividencia los estadistas de la generación alberdiana acuñaron frases como
Gobernar es Poblar, y todo ellos redundó en un crecimiento sostenido y
prolongado por más de 80 años. (“…y para todos los hombres del mundo que quieran
habitar el suelo argentino”)
Fue
el país que más creció llegando a tener en 1927 el 8º puesto en Producto Bruto por Habitante,
EE.UU 6.211
Australia 5.404,
Gran Bretaña 5.075,
Italia 5.075,
Bélgica 4.819,
Canadá 4.593,
Alemania 4.235,
Argentina 4.156,
Francia 4.115,
En el ranquin mundial
de 1913, estábamos sextos
(Fuente;
en millones de dólares de 1990, Geary-Khamis)
citada por el autor de “Aquel Apogeo,
política Internacional Argentina 1.910–1.939
pág. 50”
Libro
de Juan Archibaldo Lanús, peronista, vice canciller de Guido Di Tella, una
larga trayectoria en la diplomacia argentina, embajador en Francia, en Naciones
Unidas, en la OEA, doctorado en La Sorbona, etc.
No se lo puede tildar
de lo que en Argentina se conoce como “gorila”.
Fue
la Constitución, con sus garantías y derechos, la que convirtió a la Pampa en húmeda, ¿o es que alguien cree que
el régimen pluviométrico de las pampas cambió a partir de 1853. ¿Empezó
a llover súbitamente, justo cuando
se promulgaba la Constitución?
Era
la tierra prometida porque aquí podía convertirse uno en propietario con su
trabajo. En Europa, no. No lo invento yo, lo decía mi abuelo que era ¡¡socialista!! (1940). Recuerdo haber
escuchado decirle a mi padre que la solución al problema social argentino era
la participación en las ganancias
para los trabajadores. Un socialismo a la criolla, como decía, con humor.
El trabajo debía
producir propiedad.
Decíamos
que el peronismo es, no un fenómeno racional, sino uno sentimental. Emocional,
Institucionalizado
por Perón en el período de 1943–1955,
se convirtió en una creencia popular
arraigada en un sentimiento -–en esencia antiliberal–
Aquel estado liberal había sido el factor del
progreso y crecimiento de Argentina desde 1853 a 1943. En esto concuerdan
todos.
¿Qué hizo
cambiar tan de repente el sentimiento popular argentino respecto al liberalismo
que tanto bien había traído al país?
Lo
primero a decir es que los cambios en los usos sociales no son súbitos sino
graduales. Ya los griegos decían “los molinos de los dioses muelen despacio”.
Y Mirabeau –autor del proyecto político
que hubiera salvado a la Revolución Francesa del río de sangre, es decir, la Monarquía Constitucional que resolvería
la contradicción entre el poder popular de la Convención y la necesidad de un
ejecutivo–. A Mirabeau –decía–
lo desvelaba la subitaneidad del tránsito del anciano régimen a su antagónico
revolucionario Sabía que el cambio de los usos es tardígrado, estupendo neologismo con que Ortega sintetiza el paso lento y
pesado de la Historia. SUBITANEIDAD DEL
TRÁNSITO
Trágico hecho que desvelaba a Mirabeau en medio de la generalizada
miopía circundante.
Así, lo que hoy es creencia vigente, alguna vez fue idea de algún hombre,
chispazo neuronal de alguna peraltada inteligencia que se hará vigente –en
estricto sentido jurídico– al compás
del tiempo que pasa. O si se prefiere que pasa la
Historia. Esa política de la Monarquía Constitucional propuesta por Mirabeau será
la ratio histórica del siglo XIX.
Parejamente
sucede con la muerte de las creencias.
Demoran en irse y, cuando lo hacen, sin tener alguna otra en la cual
creer, se presentan las crisis históricas. Así pasó con la mayor crisis que ha experimentado Occidente: El Renacimiento.
Los
hombres fueron, poco a poco, descreyendo en Dios y todavía no había nacido la nueva creencia
en la Razón que caracterizará la llamada edad moderna.
No
sería comprensible el nacimiento del peronismo, (de la creencia liberal a la antiliberal) como
una nueva y súbita emergencia, que no
salvara la subitaneidad del tránsito entre
ambas creencias. El peronista cree en
lo que siente como verdadero y por eso califica al liberalismo como algo abyecto
y malvado. No pone en duda su creencia porque en ella está No necesita sostenerla como se deben sostener las ideas en lid
con las otras. Por las ideas se lucha. A las ideas hay que sostenerlas. A las
creencias no. Las creencias son como el suelo donde se pisa. Uno no piensa en
el suelo que lo sostiene. Se da por supuesto. Más aun, ni se tiene
conciencia de él. Sin embargo cuenta
con él. A las creencias no hay que sostenerlas, más bien son ellas quienes
nos sostienen. Como el piso.
La
prueba se tendría si el salir de la habitación, en la cual uno está, se encontrara con que el mundo concluía tras la puerta. Con que no había
más mundo, el vacío había reemplazado el mundo. Nosotros nunca tuvimos
presente en nuestra conciencia que el mundo estaba allí fuera. Sin embargo contábamos con él. Esta forma de contar con sin tenerlo presente es lo
que ocurre con nuestras creencias.
El
movimiento peronista eclosiona en un
caldo de cultivo social en el cual pululan ideas que zumbaban ya en la colmena
colectiva. Desde 30 años atrás Es
decir justo dos generaciones.
Este
excelente trabajo que han realizado Carina Frid y Norma
Lanciotti pone en evidencia, con meridiana
claridad, cómo se gestó este cambio del liberalismo individualista al estado
corporativo, colectivista y
antiliberal que está en la raíz del sentimiento peronista. Y es vigente hoy
Pero
entiéndase bien:
Esto no significa
emitir juicio negativo alguno respecto al valor político que el peronismo
ha tenido, tiene y, tal vez, tendrá en la Historia Argentina.
Es
preciso desterrar la ideología de toda investigación que pretenda ser algo más
que una expectoración entusiasta.
Solo es una mirada a
un hecho histórico. Fenomenología de
Husserl.
Este es el brillante y laborioso artículo de Frid y Lanciotti
sobre la recepción del pensamiento económico Fascista que se inicia con la
creación de la Cátedra de Economía en la UBA y el la UNR, y que –según
creo– es
el inicio del
"nacionalismo económico" derivado en concepciones sostenidas en las
Universidades sobre el proteccionismo y del corporativismo. Ideas que para 1945
se encuentran vigentes en la sociedad argentina. Muchas ideas condensadas en conferencias, cátedras, libros así lo atestiguan. Véase por ej. "La Nueva Argentina" de E. Bunge cuyo título se convirtió en un Slogan de los 2 planes Quinquenales de Perón.
Décimas
Jornadas "Investigaciones en la Facultad" de Ciencias Económicas y
Estadística, noviembre de 2005
Carina
Frid
Norma
Lanciotti
Escuela
de Economía. Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
LA RECEPCIÓN DEL PENSAMIENTO
ECONÓMICO FASCISTA EN ARGENTINA: INTELECTUALES, EMPRESARIOS E INSTITUCIONES
(1920-1945)
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo investiga el impacto en la economía
política y en el empresariado de la Argentina durante el período 1910-1945 de
las propuestas de los economistas que formaron parte del debate de las derechas
políticas en Europa, entre la última
década del ochocientos y la segunda guerra mundial (1)
En particular, examina la difusión en los espacios
académicos locales de la llamada "nuova"
economía política italiana que, dentro de las filas, tanto del socialismo anterior a la primera guerra mundial, como posteriormente del fascismo, sostuvo un debate entre los
partidarios de la teoría neoclásica, particularmente de las propuestas de las
políticas públicas y la distribución desarrolladas por Pareto y sus seguidores
italianos de Lausana (Pantaleoni, Barone) entre 1890 y 1914 y los seguidores
del "nacionalismo económico" derivado en concepciones sostenidas en
el proteccionismo y del corporativismo,
Para el caso argentino, las lagunas historiográficas en
el campo de la historia del análisis económico, son mayores. El clásico estudio
de Manuel Fernández López (1999), aporta nexos relevantes entre el análisis económico
europeo y sus lecturas en argentina. Sobre la cuestión de las derechas en Argentina,
la tesis doctoral de Fernando Devoto, publicada en 2002, es el estudio más
consistente sobre el tema desde la perspectiva de la historia política. Como
bien señala este estudioso de las migraciones internacionales a la Argentina, y
especialmente de la italiana, el
vacío de la literatura económica sobre el tema en la Argentina no cuenta aún
con investigaciones que limiten tal vacío historiográfico. La cuestión ha sido
abordada en el presente trabajo desde dos vías de acceso distintas en cuanto al
perfil de sus actores y a sus objetivos institucionales:
1.
los espacios universitarios de enseñanza e
investigación en economía de Buenos Aires y de Rosario y
2.
la entidad representativa de los industriales
del período, la Unión Industrial Argentina.
(1). El presente
estudio forma parte de las investigaciones realizadas en el marco del Proyecto:
“Las bases económicas de las derechas en Argentina (1910-1940)”, ECO-OO19. Dirección: Carina Frid. Colaboración de M.
Sangermano y L Abraham.
DEL
EQUILIBRIO ECONÓMICO GENERAL A LA POLÍTICA COMO ORDEN:
LOS DEBATES EN LA ARGENTINA.
1. La figura de W. Pareto en el
escenario intelectual italiano (1900-1923).
A lo largo de la primera década del novecientos, los
conflictos sociales y políticos que enfrentaron al estado italiano de la era
giolittiana con las organizaciones obreras y
políticas de izquierda, derivaron en un fuerte debate de ideas en torno a las políticas
públicas y la distribución desarrolladas por Pareto y sus discípulos italianos de
Lausana (Pantaleoni, Barone). La “vieja” economía política italiana fue cuestionada
primero por el socialismo antes de 1914 (liderado por el sector reformista de
F. Turati, entre otros) y luego por los seguidores del "nacionalismo económico"
inspiradas en las ideas proteccionistas y corporativistas ya bajo el régimen
fascista (C. Gini, G. Bottai). La crisis del estado liberal iniciada en Italia
en las últimas décadas del siglo XIX, recibió también la crítica por parte de
las grandes figuras intelectuales de la Italia de las primeras dos décadas del
novecientos, entre las que se contaba W. Pareto. El prestigioso economista
expresaba en 1901 su desencanto con las prácticas del estado liberal en el
campo del intervencionismo estatal en la economía y con las prácticas
electorales corruptas impulsadas por una burguesía que utilizaba el aparato
gubernamental para subordinar el bien común a sus propios intereses privados (2)
Las coaliciones proteccionistas y la
conformación de grupos de presión que opacaban el juego de la libre concurrencia, –dentro de los cuales Pareto identificaba
a los sectores vinculados a la industria pesada y de armamentos– configuraban para el economista de Lausana,
los ejemplos concretos para identificar a los sectores que hacían prevalecer sus intereses grupales por sobre
el concepto de “utilidad nacional”. Ya entonces también, Pareto había
abandonado su idea de un orden social equilibrado en un máximo de ofelimidad,
la competencia perfecta y la libre concurrencia como ideales sociales regidos
por la razón científica. Sus escritos sociológicos elaborados durante la guerra,
y en particular, el Tratatto de Sociología,
(2)
KITZBERGER, Ph., La concepción de la política en la obra de Wilfredo Pareto,
Tesis de Doctorado. Universidad Torcuato Di Tella, 2003. Agradecemos al autor
el haber brindado acceso a su trabajo de investigación doctoral.
recogerán
las críticas al “aburguesamiento” del socialismo europeo e italiano, críticas
que al finalizar la primera guerra mundial serán reelaboradas en sus escritos sobre
la circulación y rotación de las élites como lógica de la decadencia del ciclo político,
a su vez enlazada con la del ciclo económico. La fase expansiva de la economía
italiana motorizada en la primera década del siglo XX por la profundización de
su proceso industrializador, había sido seguida, según el célebre economista,
por el agotamiento mismo del ciclo antes que por el esfuerzo bélico (3)
Las críticas de Pareto al socialismo positivista italiano
se cristalizaron primero dentro del campo de la economía pura. Su larga
polémica con la economía marxista, y en particular, con la teoría del
valor-trabajo, tuvo por objetivo refutar la idea de explotación, la cual, según Pareto, reducía
el concepto científico de valor. Más tarde,
la concepción paretiana de la política de la era post liberal se contrapuso al
concepto de optimalidad distributiva del mercado: la política se había transformado, inevitablemente, en un orden
arbitrario, ficticio y expoliatorio. Cuando el fascismo ascendió al poder en
1922, el Pareto sociólogo ya era reconocido por su crítica a la democracia
burguesa. Su interpretación del fascismo en los primeros momentos del acceso al
poder identificaba a dicho movimiento como “una
reacción espontánea de la población contra la izquierda revolucionaria, restableciendo
la autoridad de gobierno y el orden público”. La imagen de Pareto como
referente del fascismo fue explotada por parte de los partidarios del Duce y de
los nacionalistas, con la explícita intención de legitimar científicamente el
fenómeno político. Esta apropiación de la figura de Pareto, en tanto teórico y
protagonista del fascismo, fue fugaz, no llegando a superar la barrera de la
década de 1930. La instrumentación de la figura de Pareto por parte del fascismo
estuvo asociada a los avatares de las primeras etapas del régimen (1923–1927), años en los cuales
Pareto era recuperado tanto en calidad de “precursor” del nuevo estado o bien
como guía intelectual de la renovación política fascista. Tal como bien señala
en su tesis Ph. Kitzberger, la nueva edición de la Enciclopedia Italiana
editada por Treccani en 1931, encomendada por Mussolini a G. Gentile como el
instrumento más importante de la “política
cultural del fascismo”, no hace referencia alguna al aporte de Pareto ni en
el apartado dedicado a la historia del fascismo ni en la explicitación
doctrinaria del mismo (4). Sí, en cambio, entraban en dentro de la categoría de
“precursores” las
figuras de Sorel y de Peguy. El nombre de Pareto sí, en cambio, fue asociado
por los autores de la Enciclopedia con la historia de las ideas económicas: el
eminente economista, habría corregido a tiempo su liberalismo inicial y el
dogmatismo de la “economía pura”, para reorientar su trabajo teórico al
análisis sociológico. (5)
(2) Pareto en la Revista de
Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
(3) KITZBERGER, Ph., cit., pág. 71.
(4) Ibidem, pág. 211.
(5) Ibidem, pág.212.
Como bien ha subrayado M. Fernández López, la enseñanza
de la Economía como campo disciplinar en la Argentina cobró identidad propia
recién en la segunda década del novecientos, con la creación de la Facultad de
Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en 1913.
Al cabo de su primer lustro de vida, los lazos entre
economía y matemática se estrecharon, consolidando la orientación de la
enseñanza dentro del campo de la economía matemática y, al mismo tiempo, la temprana
inclusión del análisis económico impulsado por la escuela de Lausana en
los programas de estudio de la Facultad.
Estos postulados fueron difundidos por la institución a
través de sus órganos de divulgación académica: La Revista de Ciencias
Económicas apareció como publicación mensual editada por el Centro de
Estudiantes de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. En su
primer número del año 1913, su director Roberto Guidi, manifestó la voluntad de
construir un espacio pluralista, promoviendo
la difusión de ideas económicas provenientes de distintas escuelas o
teorías, además de proporcionar información sobre la realidad económica
contemporánea y discutir cuestiones vinculadas al funcionamiento institucional
en función de contribuir a la constitución del campo profesional.
6 La primer Comisión
Directiva del Centro de Estudiantes del Instituto Superior de Estudios
Comerciales de la Universidad de Buenos Aires (creado en 1912), estaba
integrada por Angel Morera, Juan Peyrotti, Julio Bastiani, Pablo Casas, Victor
Barón Peña, Julio Bustamante, Carlos Cabrini, Domingo Castellino, Eugenio
Scala, Ernesto Martorell, Fidel Díaz Revista de Ciencias Economicas (RCE, de
aquí en más), Año I, Núm. 1, Buenos Aires, julio 1913, p. 63. Este grupó abogó
por la creación de la Facultad de Ciencias Económicas mediante la temprana
solicitud al Consejo Superior Universitario. La iniciativa obtuvo pronto un
resultado favorable puesto que en 1914, sobre la base del Instituto se creó la
Facultad de ciencias Económicas en 1914
Su perfil académico se manifestaba en la prioridad dada
al tratamiento científico de los temas económicos, tal como se expresa en el
programa de la publicación cuya sección central titulada “Ciencias”, comprendía
artículos estudios y monografías sobre las materias cursadas en la institución.
Dicha sección se complementaba con una sección literaria; otra titulada “Notas
Marginales” donde se comentaban los últimos acontecimientos económicos; la
sección de apuntes que comprendía información estadística y novedades de la
economía nacional e internacional y finalmente la sección bibliográfica,
dirigida a difundir mayoritariamente tesis y publicaciones argentinas de la
especialidad. 7
7 RCE,
Año I, Núm. 1, Buenos Aires, julio 1913, p. 10. Unos meses después se incorporó
la sección “Reseña extranjera”, con comentarios sobre temas políticos y
económicos internacionales.
En principio, las secciones reservadas para la opinión de
los redactores de la revista (editorial y notas marginales) expresaban la
adhesión del grupo al
nacionalismo económico moderado y la defensa del
liberalismo político en la matriz del positivismo científico. En palabras de
Vicente López (h), habitual colaborador de la revista: “El fin que se debe buscar es claro: mantener a toda costa nuestra independencia económica y comercial,
interesando en ello al capital argentino...”
8
8 RCE, Año I, Núm. 1, Buenos Aires, julio 1913,
p. 60.
En sus dos primeros años, la publicación se ocupó casi
exclusivamente de. temas relativos a la economía argentina; no obstante a
mediados de 1915, las notas internacionales comenzaron a ocupar más páginas y
la revista comienza a adquirir gradualmente un perfil más cosmopolita. El
cambio fue promovido por los nuevos integrantes del Centro de Estudiantes de la
recién creada Facultad de Ciencias Económicas, entre quienes estaban Luciano
Carrouché, Mario Ponisio, Mauricio Greffier, Agustín Forné, Jacobo Waisman e Ítalo
Luis Grassi, quien fuera secretario de redacción entre 1915 y 1916, y director
de la revista entre 1916 y 1917. Grassi manifestaba especial interés en las
cuestiones demográficas a partir de un diagnóstico negativo respecto a las
consecuencias económicas de la escasez de población
en Argentina, de modo que a partir de su incorporación a la revista, comenzaron
a publicarse los primeros artículos sobre problemas demográficos, especialmente
textos de autores italianos. (9)
(9) Por ejemplo, su
primera colaboración en la revista refería a la despoblación en Francia. RCE,
Año II, Núm. 14, Buenos Aires, agosto de 1914
El primero de ellos fue un capítulo de Principios de
Demografía de Rodolfo Benini, un economista italiano formado en el grupo de
Pareto, que a partir del Curso de Economía Política, realizaba una analogía
entre el modelo paretiano del equilibrio y los sistemas demográficos:
"No se desplaza un punto
en la maravillosa urdimbre demográfica de la
Sociedad, sin que resulten
modificadas las otras partes del sistema. A variaciones cualitativas
corresponden variaciones cuantitativas y viceversa. Así, si la población se
hace moral o intelectualmente mejor, también su conducta, en cuanto concierne a
los frenos de la procreación y a los métodos de explotación agrícola y aprovechamiento
del suelo, se vuelve más racional. Y si la población aumenta, los múltiples
contactos entre los individuos, extienden hasta un cierto punto los procesos de
asimilación y mutua dependencia, en beneficio exclusivo del agregado. Decimos
hasta un cierto punto, porque, si el desarrollo numérico fuese tan rápido que
provocase una ruda depresión de los medios de subsistencia, habríamos de
esperar la aparición de
síntomas de debilitamiento antes que un refuerzo de la cohesión." 10
10 Rodolfo Benini,
“La distribución social de la riqueza. Relaciones entre la teoría cualitativa y
la teoría cuantitativa de la población”, en RCE, AÑO III, n´º30, diciembre de
1915, p. 375-380.
Al año siguiente, aparecía un artículo de Corrado Gini,
ya entonces uno de los profesionales del campo de la estadística italiana más
reconocido internacionalmente y, a partir de los años veinte, uno de los
intelectuales de mayor peso en las filas del aparato estatal fascista. En su
artículo “El concepto de utilidad económica”, también traducido por Grassi, Gini
ponía en evidencia las relaciones entre la riqueza de una colectividad, la
utilidad total de sus bienes y el bienestar económico. (11) Subrayado
mío.
(11) Corrado Gini, “El concepto de utilidad
económica”, en RCE, Año III, nº33-34, marzo-abril 1916, pp. 214-221 Ítalo Luis
Grassi, “El problema de la población en Sud América (Bosquejo para un estudio
más completo)”, RCE, Año III, nº33-34, marzo-abril 1916, pp.222-240
En el mismo número, se incluía una nota de Grassi sobre
el problema demográfico en Sud América, en la que afirmaba que "La falta de una población densa y
demográficamente sana, es la causa primordial de todos los males que afligen al
continente sudamericano.” (12)
Sobre esto convendría meditar respecto al informe secreto (desclasificado ahora) de Henry Kissinger que aconsejaba promover el
aborto en Sud América por el peligro que entrañaba para USA que aumentara la
población al Sur porque ello implicaría su industrialización
(12)Ítalo Luis Grassi, “El problema de la
población en Sud América (Bosquejo para un estudio más completo)”, RCE, Año
III, nº33-34, marzo-abril 1916, pp.222-240
Durante el período en el que la dirección estuvo a cargo
de Grassi, se
ampliaron las referencias a la Escuela de Lausana. Al año
siguiente, en 1918, apareció el primer artículo de Luis Roque Gondra sobre los
principios de la economía pura. El mismo reproducía la Lección inaugural del
Curso libre dictado por Gondra y Ugo Broggi en la Facultad de Ciencias
Económicas bajo el auspicio de Centro de Estudiantes. 13
13 Luis Gondra, “La
Economía Pura”, RCE, Año VII, nº60, Junio 1918, pp. 351-369, El artículo
recibió una réplica de Juan B.Justo, publicada en un número posterior. Juan B.
Justo, La economía política”, RCE, Año VII, nº 62, Agosto 1918. Ese mismo año,
Gondra tradujo al español los Principios de Economía Política de Maffeo
Pantaleoni. Cfr. FERNÁNDEZ LOPEZ, M., Cuestiones Económicas Argentinas, AZ,
Buenos Aires, 2000, p. 171.
De acuerdo a Fernández López, Ugo Broggi fue el
introductor de la obra de
Pareto en Argentina. Broggi había sido habitual
colaborador del Giornale degli Economisti (GE) entre 1904 y 1907, la
publicación dirigida por Maffeo Pantaleoni en la que Pareto publicó sus
primeras contribuciones. Cuando Broggi se radicó en Argentina en 1909, trabó
amistad con Luis Roque Gondra, a quien habría iniciado en la lectura del Curso
de Economía Política de Pareto. Las fórmulas de Pareto comenzaron a ser
conocidas por los estudiantes a través de la cátedra de Estadística, a cargo de
Broggi, y alcanzaron mayor difusión a partir del dictado del Curso libre sobre
Economía Pura. 14
14 Cfr. FERNÁNDEZ
LOPEZ, “Recepción del Pensamiento de Pareto en Argentina”, Anales de AAEP,
2002. Pantaleoni fue quién sugirió a Pareto la lectura de la obra de Walras, y
también quien lo recomendó para ocupar la cátedra de éste en Lausana.
Entonces la obra económica de Pareto (i.e.: el Curso de
Economía Política y el Manual de Economía
Política) complementaría la clásica formación milliana (Creo que refiere a Stuart Mill, fallecido pocos años antes en 1870
y a las teorías del altruismo utilitario que se ha pretendido atribuir a las
teorías de la Economía Clásicas) de
los estudiantes de Ciencias Económicas. A partir de entonces se publicaron en
la Revista de Ciencias Económicas artículos de Pareto, de Pantaleoni y de
Roberto Michels (formado con los anteriores) casi simultáneamente con su
aparición en el Giornale degli Economisti, en la Rivista di Statistica y en
Política; además de artículos de Gondra y Broggi aplicando el modelo paretiano.
15
15
Wilfredo Pareto, “Economía Experimental”, RCE; Año VII, nº72, Junio 1919; Luis
Roque Gondra, “Nota de economía matemática”, RCE, Año IX, nº96-97, junio-julio 1921; Hugo Broggi, “Sobre un
teorema de economía matemática”, RCE, Año IX, agosto 1921, serie II, nº
1; Luis Roque Gondra, “Equilibrio Económico”, RCE, Año IX , setiembre 1921,
serie II, nº2; Maffeo Pantaleoni, “Finanza fascista”, RCE, Año IX, diciembre
1923, Serie II, nº29. Roberto Michels, “Consideraciones sobre la posición del
oro en la circulación actual”, RCE, Año XI, enero- febrero 1924, Serie II,
nº30-31.
La recepción de las ideas del grupo de Lausana no puede
ser interpretada fuera del clima de debate universitario durante los años de la
reforma. Poco antes del momento en que sus textos económicos alcanzaran mayor
difusión en el espacio académico local, Pareto publicaba el resultado de la
revisión de su obra temprana, orientada a extender el análisis del sistema de
interdependencias al estudio de las sociedades. El Tratado de Sociología
General, no despertaría el mismo entusiasmo entre las filas del estudiantado
que por la vía reformista adhería a posturas progresistas poco compatibles con
la visión de la política propuesta por Pareto.
Para entonces, la Revista se había constituido en un
espacio calificado donde se exponían las ideas de las distintas corrientes
económicas europeas y norteamericanas a la par que se publicaban las
reflexiones de intelectuales argentinos sobre temas de la realidad económica y
política argentina. El prestigio de la revista y el compromiso del grupo activo
de estudiantes que la dirigía, a quienes ya se había integrado Raúl Prebisch, (primer Director del Banco Central de la República Argentina creado
en 1935)
dieron lugar a una nueva etapa en 1921, cuando se
convirtió en la publica-ción oficial de la Facultad de Ciencias Económicas, incorporándose
a su dirección docentes y graduados.
En el Tratado, Pareto había formulado la teoría de los
residuos, acciones
resultantes del predominio de sentimientos e instintos
heterogéneos, y de las derivaciones, manifestaciones de la lógica de las cuales
se extraen los residuos. El predominio de los residuos, y la tensión entre el
instinto de las combinaciones y la persistencia de los agregados operan sobre
los agregados sociales, estableciendo relaciones de interdependencia que
determinan el equilibrio social. La aplicación de este sistema al análisis
social, su formulación sobre la alternancia de las elites, así como la
consecuente crítica a la democracia, el socialismo y el liberalismo como
ideas seudo- experimentales no atrajeron la adhesión de
los entusiastas de la obra económica de Pareto. Las expectativas de Pareto
sobre el futuro de la sociedad italiana en función de “un gobierno fuerte capaz de imponer el interés general por encima de
los intereses particulares” representaban la conclusión lógica del
razonamiento expuesto en su sociología acerca de que la mutua dependencia entre
la fuerza y el consentimiento son los fundamentos de los gobiernos estables que
no intentan cambiar los intereses y sentimientos de los pueblos, sino sacar
partido de ellos. 16
16 Cfr. Wilfredo
Pareto, “Los partidos políticos”, La Nación, , Año LIV Núm.18.578, Domingo 10
de junio de 1923, p. 2; “La crisis del parlamentarismo”, Año LIV Núm.18.661,
Sábado 1º de septiembre de 1923, pp. 4-5
Los argumentos favorables al régimen encabezado por
Mussolini y a la restricción de las libertades democráticas expresados por
Pareto en una serie de artículos publicados en el diario La Nación durante 1923
no podían menos que incomodar quienes habían consolidado la defensa del orden republicano
y liberal a partir de la experiencia reformista. 17
17 “En Italia el
fascismo ha venido a descubrir en parte este error de lógica en los
sentimientos de las clases sociales. A la religión nacionalista ha sabido dar
una mira de acción, de defensa del Estado, de renovación social: en esto se
encuentra principalmente la esencia de la “revolución fascista”... A las causas
generales se agregan las causas contingentes y ocasionales. Entre éstas, una de
las más notables es, sin duda, el hecho de que el fascismo ha encontrado en su
jefe un hombre político de primer orden... Uno de los problemas más difíciles
de resolver es el de la libertad. Es necesario restringirla considerablemente
para establecer la dictadura, y es necesario dar alguna dosis para fundar un
régimen durable. Es difícil distinguir el adversario peligroso del adversario
inofensivo, y sin embargo es indispensable tratarlos
de distinta manera. La salvación está en ello.” Wilfredo Pareto, “El fenómeno
del fascismo”, en La Nación, Año LIV, Nº18502, 25 de marzo de 1923, p. 16. Para una caracterización de los actores y
debates en torno al reformismo universitario, véase HALPERIN DONGUI T. Vida y
Muerte de la República verdadera, Ariel, Buenos Aires, 1999, pp. 397- 426.
Particularmente, el examen de los problemas sociales
desde una perspectiva cuantitativa en términos de la cantidad de libertad en
competencia con la fuerza de gobierno para asegurar el máximo de utilidad
social, generó un claro cuestionamiento acerca de la pertinencia de un análisis
orientado a “vaciar las ciencias sociales en el molde en que progresan las ciencias
físico-naturales” (negrita mía) que
(Las
ciencias del espíritu como las llamaba Dilthey escapan a la razón que impera en
la materia –la físico
matemática–. Ortega
le ha dado expresión acabada y otro sentido en El Hombre y la Gente, En Torno a
Galileo, La Historia como Sistema y prácticamente en toda su obra) Este vuelco
de las ciencias sociales en el molde de la físico matemática ha llevado a los
seguidores actuales a sacar estadísticas de los hechos sociales, produciendo, por ej. en Zafaroni, conclusiones que atan la pobreza al
delito. Es más fértil atar los hechos sociales a los viejos moldes éticos o a
los valores enraizados en la construcción que constituye la incorporación del
infante a lo humano. Ortega no la llama Ethos=costumbre, (que son habituales) sino usos y los define como la
base de la Sociología. Ya que lo no habitual puede ser uso. De donde no es constitutivo a los usos ser
habituales. Eran un uso en la sociedad Romana los ludi saecularis o juegos del
siglo que se celebraban tras largo período de aparente olvido. Tras un siglo <seculum>
(que no era
la estupidez de 100 años, sino el tiempo que duraba más o menos una vida) los pregoneros anunciaban la
iniciación de los juegos seculares,
por toda Roma, “Quos not espectasen
quiscuam, not espectatorum ese” Que no has visto nunca, que no volveréis a ver
<espectar>. No puede expresarse más enérgicamente la no habitualidad de
un uso. Además los usos son irracionales e imperativos. En fin hay que leer por
lo menos <El Hombre y la Gente>para que adquiera sentido (categoría de Dilthey) lo expresado en cifra sobre los
usos.
“En Italia el fascismo ha
venido a descubrir en parte este error de lógica en los sentimientos de las
clases sociales. A la religión nacionalista ha sabido dar una mira de
acción, de defensa del Estado de renovación social: en esto se encuentra
principalmente la esencia de la “revolución fascista”...
A las causas generales se agregan las causas contingentes
y ocasionales. Entre éstas, una de las más notables es, sin duda, el hecho de
que el fascismo ha encontrado en su jefe un hombre político de primer orden.
<Winston
Churchill lo consideraba un estadista antes de su unión a Hitler es decir desde
el pacto de Lorcano 1925 hasta el Pacto de Acero en 1939> .
Uno de los problemas más difíciles de resolver es el de
la libertad. Es necesario restringirla considerablemente para establecer la
dictadura, y es necesario dar alguna dosis para fundar un régimen durable. Es
difícil distinguir el adversario
peligroso del adversario inofensivo, y sin embargo es indispensable tratarlos
de distinta manera. La salvación está en ello.”
(es decir:
“al amigo todo, al enemigo, ni justicia”)
Wilfredo Pareto, “El
fenómeno del fascismo”, en La Nación, Año LIV, Nº18502, 25 de marzo de 1923, p.
16.
Para una caracterización de los actores y debates en
torno al reformismo universitario, véase HALPERIN DONGUI T. Vida y Muerte de la
República verdadera, Ariel, Buenos Aires, 1999, pp. 397- 4 permitió fundamentar
en clave epistemológica la cautelosa distancia mantenida por los economistas de
la Universidad de Buenos Aires respecto a las consecuencias político ideológico
del viraje emprendido por Pareto como sociólogo. 18
18
Raúl Prebisch, “La sociología de
Pareto”, RCE, Año XI, serie II, nº27, octubre 1923, p. 155
El desplazamiento de la temprana admiración por un
mesurado elogio a su trayectoria se expresaría en las alocuciones de Ugo Broggi
y Raúl Prebisch, convocados por el decano de la Universidad de Buenos Aires,
José León Suárez, para homenajear a Pareto poco después de su muerte en 1923.
Ambas conferencias, publicadas en la Revista de Ciencias Económicas, daban
cuenta de la influencia ejercida por la obra económica de Pareto a la par que
señalaban los límites de su análisis sociológico. Las limitaciones del
“sociólogo” Pareto fueron explícitamente subrayadas por Prebisch en su ensayo
crítico del Tratado, al contraponer la rigurosidad científica con la que el
maestro de Lausana observaba los fenómenos económicos con los juicios y teorías
“de la ética corriente” formulados
en el campo de la sociología. 19
19 Cfr. Ugo Broggi,
“Wilfredo Pareto: Su obra económica”, RCE, Año XI, serie II, nº27, octubre 1923
y Raúl Prebisch, “La sociología de Pareto”, en el mismo número.
Más allá de las reservas hacia este pensamiento, la
difusión de las ideas económicas del grupo de Lausana a la par que actualizadas
contribuciones de los economistas italianos sobre la situación económica y
financiera de la península bajo el gobierno de Mussolini, continuaron su
presencia en la Revista. En enero de 1923, la Revista de Ciencias Económicas
incorporó un Boletín Bibliográfico elaborado por el Seminario de Economía y
Finanzas bajo la dirección de Eduardo Gonella, cuyo propósito era divulgar los
estudios de la especialidad recibidos por la biblioteca de la facultad,
provenientes de las principales revistas y diarios, nacionales y extranjeros,
cualquiera fuera su orientación ideológica. 20
20
Boletín Bibliográfico del Seminario de Economía y Finanzas. Publicación mensual
de la Facultad de Ciencias económicas de la Universidad de Buenos Aires, Año I,
nº 1, febrero de 1923, en RCE, Año XI , serie II, nº18-19, enero- febrero 1923.
En el Boletín aparecerían varias reseñas de textos de
Umberto Ricci, Corrado Gini 21
21
Sobre la influencia de C. Gini en el desarrollo de la estadística pública en
Italia, véase: FAVERO, G., A Totalitarian Solution: Corrado Gini and Italian
Economic Statistics, XIII Congreso Internacional de Historia Económica, Buenos
Aires, 2002.
y Luigi Amoroso publicados en España Económica y
Financiera, Rivista di Política Económica y Giornale degli Economisti é Rivista
de Statistica.
Por afuera del debate académico, el viraje del Pareto
“sociólogo” a posiciones de acercamiento al fascismo generó no pocas
ambigüedades en el contexto más general de la opinión pública argentina. Parte
de la prensa nacional se hizo eco de las opiniones de Pareto sobre el naciente
régimen del estado fascista: a la mencionada serie de artículos escritos por
Pareto y publicados por el diario La Nación en 1923, le siguió el contacto con
miembros del elenco político del gobierno de Mussolini: en diciembre, 1923
La Nación publicaría las declaraciones hechas por el
Ministro de Hacienda de Italia, De Stefani, en torno a la política financiera
del fascismo. No obstante, la muerte de Pareto acaecida ese mismo año fue
registrada por la prensa nacional en el marco de su aporte al análisis
económico: su obituario
fue encomendado por la dirección del periódico a un
economista (a juzgar por el dominio del aparato analítico económico),
despejando toda duda sobre qué esfera del aporte de Pareto jerarquizaba
entonces La Nación a la hora de inscribir su homenaje.
3.
Las ideas económicas del fascismo en Rosario: debate y confrontación.
La Universidad de Buenos Aires no fue el único centro de
la Argentina en donde se expresaron las controversias sobre el fascismo en
tanto régimen político y en tanto economía política. En Rosario, la Facultad de
Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas, creada en 1920. (22) configuró
un
22 Desde 1899, la
enseñanza de la economía en Rosario se desarrolló en el marco de la Facultad de
Derecho de la entonces Universidad Provincial de Santa Fe, con sede en Rosario.
En 1926, primer año de publicación de la Revista de la Facultad, el Consejo
Directivo de la entidad estuvo integrado por Rafael Bielsa (Decano) y los profesores Juan Alvarez, Daniel
Infante, Faustino Infante, Julio Marc, Manuel Núñez Regueiro, Federico Valdés,
Mario Antelo
Rafael Bielsa: Eminente profesor de Derecho Administrativo, durante
40 años en la UNL, abuelo del ex canciller, eminencia internacional con premios
múltiples entre otros, autor de Códigos
Contencioso-Administrativos de Sta. Fe y Mendoza. Decano de la UNL Profesor titular en la UBA de 1946 a 1952, profesor de Historia de las
Instituciones de Derecho Público (curso de doctorado) en 1936, 1941, 1942,
1944, 1945 y 1947. Dr. Honoris Causa y profesor de la Sorbona en París. Fue separado
de su actividad académica por su oposición al gobierno en 1952.
segundo espacio académico en el cual el debate (más
a menudo convertido en confrontación) sobre los postulados del fascismo en el campo de las
ciencias económicas. La enseñanza de la economía en tanto campo disciplinar se
vio obligada a compartir (junto a la esfera de la
práctica contable)
en el mismo espacio académico la tradición jurídica que articulaba el campo de
las ciencias políticas de la época. La Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales
y Políticas se convirtió en sus dos primeras décadas de funcionamiento, en un
observatorio privilegiado de los debates generados por la recepción de las
nuevas ideas políticas y económicas que el régimen fascista italiano había
instalado en 1922.
La apertura del debate en el interior de la institución
universitaria tuvo ciertamente origen en la controversia generada por las prácticas
políticas inauguradas por el fascismo; no obstante, la polémica se extendió rápidamente
al campo de las relaciones entre finanzas y estado, campo éste en el cual por
lo menos durante la década de 1920 la experiencia italiana prodigaba la mirada
de los especialistas locales en cuanto a los fundamentos de la reforma llevada
a cabo en Italia. En el segundo lustro de 1920, las ciencias de la contabilidad
en la Argentina observaban con atención los ejemplos europeos y sajones, a la
búsqueda de modernizar y consolidar la nueva contabilidad rioplatense. Desde
esta vertiente, -si bien no excluyentemente-, se explica la propuesta del
Centro de Estudiantes de la Facultad en 1928 por contar con aval de la casa de
estudios para llevar a cabo “una misión
de viaje de estudios y de difusión de la cultural nacional” a Italia 23
23 La Revista fue
dirigida por Alejandro Nimo, siendo Secretario de redacción Francisco C.
Bendicente. Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y
Políticas (RFCE), Segunda Serie, Tomo I, n.1, enero-abril 1928. Crónica
Universitaria, pág. 445. Expediente 19-C-1928. Centro de Estudiantes proyecta
viaje de estudios a Italia. La Delegación de la Facultad viajó a Italila en
1929, en donde recorrió distintos centros académicos y estatales, abriendo
desde entonces un considerable intercambio académico
El intercambio académico con Italia, si bien remontaba
sus antecedentes a. etapas anteriores al arribo del fascismo, tuvo continuidad
en las primeras décadas de funcionamiento de la Facultad. Aún así, sus figuras
directivas de la Facultad, como fuera el caso del decano de la Facultad entre
1927 y 1936, Rafael Bielsa justificaban ante el Consejo Directivo de la entidad
el dictado de la conferencia de un especialista italiano en finanzas, B.
Griziotti, en virtud del notable influjo de la ciencia italiana al campo de estudio
de las finanzas, como en el caso de Flora Nitti, Einaudi, Cossa, Graziani…” 24
24 RFCS, T. I, n.3, octubre 1927. Crónica
Universitaria, págs. 385-388
Un año más tarde, el mismo Bielsa publicó su estudio
sobre la autarquía italiana (A propósito del régimen de Podestá, Buenos Aires,
1928), sugiriendo su estudio por parte del régimen municipal en Argentina.
La reforma contable y el concepto de interés público a
escala municipal
concentraron entonces el interés del espacio académico de
Rosario hasta 1930. Dos indicadores directos de estas afirmaciones lo
constituyen el fondo bibliográfico de la Biblioteca de la Facultad (hoy Fondo
Antiguo) y el órgano de divulgación científica de la Facultad, la Revista de la
Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas (1926-1928, 1930-1933,
1934-1935, 1936-1938). Las relaciones académicas entabladas en el curso de la estancia de la Delegación de la Facultad en
Italia, tuvo correspondencia con el arribo de obras y colecciones de
figuras prominentes de la economía y de la política del fascismo italiano 25
25 En esos años la
Biblioteca de la Facultad comienza a recibir la Revista Italiana de Ragioneria
( 1921-1938), la Revista di Politica Economica (1922-1969), Il Bolletino di
Notizie Economiche (1926- 1930) y la Revista di diritto finanziere e scienze
delle finanze (1937-1939), entre otras.
.Las ideas de las principales figuras intelectuales del
fascismo, G. Bottai, C. Gini, estuvieron disponibles a la consulta y lectura de
los claustros de la Facultad o bien estuvieron circunscriptas al comentario bibliográfico
de la Revista antes que pasar a integrar la currícula de la Facultad. Cuando en
1930 Dieulefait organiza su equipo de investigación experimental en la Cátedra
de Estadística, las inspiraciones del Gabinete no tuvieron a Corrado Gini como
referente teórico; tampoco es citado por en los escritos sobre demografía de
Francisco C. Bendicente, estudioso de las estadísticas económicas y
demográficas 26
26 La Revista de la
Facultad publicó en 1930 el artículo de R. Benini, Principii di statistica
metodologica. RFCE, tomo I, 3ªSerie, 1930, páginas 47-64. Francisco C.
Bendicente. Comentario bibliográfico a la obra de Giovanni Lasorsa, Variazioni
stagionali dei fenomeni economici, Roma, 1934. En: RFCE, 3ªSerie, 1933-1934,
pág. 535.
En el cuanto a la figura de W. Pareto, los números de la
Revista no registran comentarios de su obra económica ni de sus escritos
políticos, si bien sus modelos de equilibrio general integraban el programa de
enseñanza de la institución, la cual contaba en su Biblioteca con ejemplares de
sus escritos teóricos y de una de su célebre colección de obras en historia del
análisis económico. 27
27 Tratatto di
Sociología Generale, Tomos I y II. Cours d’Economie Politique, Tomos I y II.
Les systemes socialistes, Tomos I y II. L’Idées economiques, en Revue des deux
mondes, T.5, Année 1891, París. “L’Economia matemática” dalla Encyclopedie des
sciences mathématiques pures et apliques, T.I, vol 4, Fasc. 4, 1911, en Nueva
Collana di Economiste stranieri et italiani, vol 4, Economía Pura, 1937.Il
capitale. Prefacio al primo volume del capitale di Carlo Marx, en Nueva Collana
di Economiste stranieri et italiani, vol. 12, Torino, 1934. Bibliotecca di
Storia Economica, Torino, 1909 RFCS, T. I, n.3, octubre 1927. Crónica
Universitaria, págs. 385-388.
La controversia en torno a las implicancias políticas del
régimen sí encontró en la Revista, un espacio de repercusión. Las polémicas en
torno a la adhesión ó bien el rechazo a las ideas del régimen fascista se
expresaron en las reuniones de los consejos directivos de la Facultad pero
también estuvieron presentes en las lecturas críticas sobre la literatura
económica y política del fascismo. El estudiante de Ciencias Políticas Próspero
Grasso fue partidario declarado de la política mussoliniana: en 1928, ya había
solicitado al Consejo Directivo de la Facultad el dictado de una conferencia
sobre la Carta del Lavoro, propuesta que fue aceptada con cautela por las
autoridades, aconsejando al peticionante que “la exposición se mantenga en el marco doctrinario y objetivo, que se
publique en la Revista de la Facultad y que la controversia se haga por
escrito” 28
28
RFCE.2ª Serie. Tomo I, nº 1, enero-abril 1928. Expediente 23 G-1928. Acta 114
del Consejo Directivo, del 11 de setiembre de 1928-29 RFCE. 3ªSerie. Tomo I, 1930, pág. 727.
Comentario a la obra de F.C. Bendicente, La Carta del Lavoro, Rosario, 1928.
Véase también: Comentario de Prócero Grasso a la obra de Carmelo Scala, Lezioni
di Economia política, Roma, 1928-1929. 30 HALPERIN DONGUI T. (1999), pp. 235-236;
DEVOTO F., Nacionalismo, fascismo y tradicionalismo en la Argentina moderna.
Una Historia, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002, pp.120-149
El
mismo Grasso se ocuparía en delante de polemizar con Francisco C. Bendicente en
torno a los postulados del modelo fascista, sosteniendo “el fracaso de la democracia y la necesidad de limitar ciertas
libertades” 29
Los
conservadores y los radicales anti personalistas también lo sostenían en la
década del 30. Ello pretendió dar algún cimiento al fraude electoral. A partir
del 4 de junio del 43 Perón, que sostenía la necesidad de contar con apoyo
popular para realizar estos cambios, inaugura una época que se caracterizará
por las reformas con apoyo popular y resistencia de las fuerzas democráticas
que, justamente, se llamarán Unidad Democrática, constituida por Radicales, socialistas, comunistas en 1946
Curiosamente los conservadores no integraron la Unidad
Democrática.
29 RFCE. 3ªSerie.
Tomo I, 1930, pág. 727. Comentario a la obra de F.C. Bendicente, La Carta del
Lavoro, Rosario, 1928. Véase también: Comentario de Prósero Grasso a la obra de
Carmelo Scala, Lezioni di Economia politica, Roma, 1928-1929
4.
Los empresarios de la Argentina y el fascismo (1920-1945).
Aproximación preliminar.
Si en el campo de las ciencias económicas se mantendría
la distancia con la propuesta económica del fascismo, el predicamento de sus
ideas entre las mayores figuras intelectuales del llamado primer nacionalismo
argentino también resultó limitado. Tanto T. Halperín Donghi como F. Devoto han
observado el escaso predicamento del fascismo entre los intelectuales
nacionalistas argentinos. El encendido entusiasmo de Leopoldo Lugones hacia el
naciente movimiento liderado por Mussolini no fue compartido por los miembros
más conspicuos de la elite nacionalista hasta bien entrados los años de 1930 (30)
(Después
de” La Hora de la Espada” de Lugones,
todos los nacionalistas se incorporaron)
30
HALPERIN DONGUI T. (1999), pp. 235-236; DEVOTO F., Nacionalismo, fascismo y
tradicionalismo en la Argentina moderna. Una Historia, Siglo XXI, Buenos Aires,
2002, pp.120-149
Distinta fue la respuesta brindada por el sector
empresarial nucleado en la Unión Industrial Argentina. En principio, la
agudización de los conflictos sociales durante la semana trágica en el contexto
crítico al sistema capitalista inaugurado por la revolución rusa de 1917,
orientó el interés del empresariado hacia los mecanismos de control laboral de
cuño norteamericano que se agrupaban bajo la denominada “organización
científica del trabajo” complementado con la contratación de rompehuelgas.
Paralelamente, los civiles armados nucleados en la Liga Patriótica Argentina
inauguraban el camino corto y violento de la represión ilegal de los trabajadores
contestatarios, en alianza con los empresarios vinculados a la
Asociación
Nacional del Trabajo. (31)
31 Los elementos
comunes entre las bandas liguistas y las escuadras fascitas han sido señalados
por Devoto, quien no obstante, identifica una diferencia sustancial entre ambas
organizaciones en su composición social. Cfr. DEVOTO F. (2002), pp.130-137.
Entre 1921 y 1922, los artículos publicados en el Boletín
de la Unión Industrial Argentina denunciaban la prioridad de la cuestión
social, pero a partir de la disminución de los conflictos obreros, las
editoriales se reorientarían hacia la defensa de políticas industrialistas con
especial atención a las políticas tributarias y financieras implementadas por
el gobierno de Mussolini. (32)
32 “La agitación de
los obreros metalúrgicos en Italia”, Boletín de la Unión Industrial Argentina,
nº 625, Enero 1921, pág. 8-11. Ibídem, nos. 626 al 629; “La UIA ante los
recientes conflictos obreros”, Boletín de la Unión Industrial Argentina, nº630,
Junio 1921, p.10; “Opiniones de la UIA sobre la participación de los obreros en
la dirección de las fábricas y en los beneficios del capital”, Revista de la
Unión Industrial Argentina, nº638, Febrero 1922, pág. 23-25; “¿Qué hace la
Unión Industrial?”, . Boletín De La Unión Industrial Argentina, nº 645,
septiembre 1922, pág. 20-21; “El futuro de la industria argentina”, Boletín de
la UIA, nº646, Octubre 1922, pág. 3-5; * “Defensa de nuestras industrias”,
Boletín de la UIA, nº647, Noviembre 1922, pág. 3-8; * “Los monopolios por el
Estado. El gobierno fascista italiano inicia una nueva política industrial”,
Boletín de la UIA, nº 649; Enero 1923, pág. 9-10; “La política financiera del
fascismo”, Boletín de la UIA, nº661; Enero 1924, pág.
15-16; “La carta del trabajo del
reino de Italia distribuida a obreros italianos el 28/10/1928”, Boletín de la
UIA, nº722; Febrero 1929, pp. 3-11.32
A lo largo de la década de 1920 y por lo menos hasta
1932, el Boletín de la UIA sostuvo una estrategia de difusión de las políticas
económicas y sociales del fascismo, a la vez que mantenía su tradicional
perspectiva de defensa del sector industrial en Argentina, expresada en el
reclamo al Estado de políticas proteccionistas y de apoyo al desarrollo
industrial.
🔺
En buena medida, este fenómeno está asociado con el
origen de las dirigencias empresariales e industriales de la Argentina de las
primeras décadas del novecientos. El hecho de que Italia ocupara el primer
lugar entre los países de origen de la inmigración transatlántica a la Argentina
y que la presencia italiana fuera muy elevada entre los propietarios y
trabajadores de los establecimientos industriales que crecieron al calor del
crecimiento de las exportaciones y del mercado interno, configura un campo de
observación de particular interés para evaluar los alcances y los límites de
las políticas económicas propuestas por el estado mussoliniano en el escenario
local
33 BARBERO, M. I.,
“Mercados, redes sociales y estrategias empresariales en los orígenes de los
grupos económicos. De la Compañía General de Fósforos al grupo Fabril
(1889-1929)”, en: Estudios Migratorios Latinoamericanos, nº44, 2000, págs.
119-141.
Desde la década de 1880, los industriales de origen
italiano configuraban el grupo inmigratorio de mayor peso en la metalurgia
liviana y en la industria de la construcción. Junto a ellos, se configuró una
dirigencia industrial de
mayor concentración empresarial, concentrada en torno a
“grupos” o sectores empresariales (finanzas, comunicaciones, industria textil,
química). Un número significativo de industriales italianos formó parte de los
cuadros directivos de la Unión Industrial Argentina (H: Pini, A. Rezzonico, H.
Canale). Uno de ellos, V. Valdani, ocupó la vice-presidencia de la entidad
durante toda la década de 1920. Valdani
controlaba entonces la Compañía General de Fósforos y años más tarde se incorporaría
al emprendimiento de la Fabril Argentina, el mayor conglomerado de la industria
química y papelera del país. Pero la figura de Valdani excedió el marco de la
agremiación empresarial tempranamente, al afiliarse en 1924 al Partido Fascista
dirigir los Fasci Italianos en Argentina (1928) y editar el órgano de prensa
más importante del fascismo en italiano de la Argentina, IL Mattino de Italia 1934-1944 (34)
34 SCARZANELLA, E., “Emigración…”, cit. , páginas
146-152.
Si bien no es posible limitar a la figura de Valdani la
difusión de comentarios y artículos suscriptos por el régimen fascista, es
factible que el empresario de origen italiano haya contribuido en buena medida
a su divulgación. Con menor ambigüedad que la expresada por los órganos de
divulgación académica o bien por la prensa nacional, el Boletín de la UIA
destacaba en enero de 1923 los avances de la política industrial desarrollados
por el gobierno fascista italiano. En el artículo “Los monopolios por el Estado. El gobierno fascista italiano inicia una
nueva política industrial”, se halagaba la política llevada a cabo por el
primer fascismo italiano tendiente a eliminar los monopolios del estado. El
órgano de prensa de la UIA reproducía las expresiones del régimen por “defender el capital”. El fascismo
encarnaba también: “un principio nacionalista, eminentemente práctico,
representando el deseo de la clase media, la más castigada por el desborde de
fobias entre el capital y el trabajo, intenta limitar las atribuciones del
Estado, al gobierno político de los pueblos, repudiando la confiscación del
trabajo particular, que no otra cosa significa el monopolio aun cuando se
intente justificarlo con sutilezas o con el lírico calificativo de “bienestar social”.
La publicación de la UIA pasaba luego revista a la
situación de la industria en la Argentina: “En
nuestro país, afortunadamente, el monopolio del Estado no asume hasta ahora
proporciones alarmantes, pero es bueno que el ejemplo de afuera enfríe
entusiasmos y enmiende errores, para evitar proyectos inusitados, cuya sola
proporción trae siempre como consecuencia directa e inevitable, retraimiento de
capital, paralización de trabajo y decaimiento de energía, que hoy más que
nunca necesitamos para la hegemonía industrial a que todo pueblo sano debe
aspirar”.
La prédica del fascismo se sustentaba asimismo en la
observación de los “logros” económicos con los cuales el régimen predicaba la
difusión de su modelo: la reducción de la desocupación, el crecimiento de la
producción cerealera la disminución de la inversión extranjera y la
“tranquilidad social”, preocupaciones éstas compartidas por algunos sectores
del empresariado industrial de la Argentina
35
35 Revista de la Unión Industrial Argentina, Nº661,
enero 1924, págs. 15-16.
REFERENCIA
BIBLIOGRAFICA
ALBONICO A., “Emigración y política en la imagen de la
Argentina en Italia, 1930- 1955: las razones de una incomprensión”, Ciclos en
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