EL MONOPOLIO
Una Institución para agregar al “Cielo
de Los Conceptos Jurídicos” en “Bromas y Veras en la Jurisprudencia” de Rudof
von Jhering, Ed. Jurídicas Europa América, Buenos Aires, 1974.-
Rudolf Von Jhering muere. Como
corresponde al gran jurista que era, su alma fue llevada al cielo, al cielo de
los Conceptos Jurídicos, claro. Ya allí, fue atendido por un espíritu llamado
Psicóforo. Como corresponde a la Psique del foro. Nada más llegar Psicóforo le
advierte que todo lo que verá en ese lugar, que no está en ningún lugar, no es
cosa alguna sino mera transparencia de algos sin límites. Como tal espíritu que
es ahora, su ser se ha integrado al Espíritu Universal y no tiene ya
individualidad. Todo lo que piensa o
piense, es. Porque una y la misma cosa
es ser y pensar. Aquí reinan las formas, las puras formas transparentes, sin
que contengan cosa alguna. Aquí todo es puro, sin que ninguna materia lo
contamine. Para que Jhering vaya iniciándose en este raro no lugar, Psicóforo
lo impulsa a acompañarlo en un recorrido para que conozca las formas allí
existentes. Así van recorriendo los diversos conceptos jurídicos: el dolo lato,
el eventual, la culpa, la buena fe, la obligación, la infamia, la propiedad A
cada una va caracterizando por el aspecto que ofrecen sus caras.
Falta en
este recorrido un concepto o institución jurídica, que ha adquirido gran difusión en la actualidad:
EL MONOPOLIO
–
...
–
Pero...ahora, ¿qué ha
sucedido? No puedo ver a nadie. Noto que el aire se ha enrarecido.
–
No digas aire. Aquí no hay ni
vestigios de “eso”. Sólo nos está permitido
referirnos al ambiente o, mejor, “ámbito”.
Estamos convencidos de que lo que nos rodea es el éter de los físicos, que explica la propagación de las ondas de
luz, in
vacuo –remarcó- .
–
Sin embargo la teoría de
Fitzgerald desarrollada por Lorentz y
conocida como hipótesis de la contracción allá por 1890...
–
Esa fue una gran contribución
a la conceptuación en general. Todo lo que contribuya a “salvar las apariencias” es bien venido en estas regiones de la
pureza abstractiva.
–
Es que Michelson –Morley,
dije, demostraron que el éter en el cual se suponía que se propagaba la onda de
luz en el Universo, era un concepto abstruso
y aún hoy no se sabe qué pensar sobre si existe o nó. Más aun, no se
sabe si la luz es una onda o un cuerpo. Ante ciertas experiencias se comporta
como onda y ante otras como corpúsculo.
–
Veo que aun te falta mucho
para entender este mundo maravilloso de los conceptos, al cual no entiendo cómo
has logrado entrar. ¡Claro que el éter no existe! Porque es la condición necesaria
para que los astros del Universo puedan desplazarse sin inconvenientes. ¡Bueno
sería que el éter fuera una especie de viento!
Los astros se tropezarían con él y, como
los cuerpos que se desplazan en el mar, generarían una ola por delante. El éter
es condición necesaria para que puedan existir los conceptos, incontaminados de
espurio aire terrenal.
–
Entonces... ¿me quieres decir
que en el cielo de lo conceptos sucede como Newton creía que sucedía en el
Universo, donde los astros se movían sólo relacionados por sutiles ondas, entre
ellos, que los mantenían en equilibrio?
–
Veo que estás progresando. Si
los conceptos en general, y en especial
los jurídicos, tuvieran que someterse al dictado de las cosas, aviados
estaríamos. Las cosas siempre estorban
y aún cuestionan la perfección inmarcesible de los conceptos.
–
Pero... es que se dice que los conceptos son de las
cosas...
–
¡No insistas! En el cielo de los conceptos jurídicos ni las
experiencias de la llamada ciencia Física tienen acceso. Tenemos en los alrededores
del Cielo custodios que se encargan de expulsar violentamente todo lo que no
podrá ser objeto de abstracción. Como Minos, a la entrada del segundo Infierno
de Dante, administran el ingreso a este Cielo. ¡No faltaba más! ¡Que
permitiéramos aquí la entrada de Kaos!
–
De todos modos, argumenté
tratando de poner fin a tan vertiginosa digresión, me gustaría saber si hay
alguien aquí, además de nosotros, pues tengo la extraña impresión de que nos
observan.
–
¡Ah!...es que hemos entrado
al recinto del MONOPOLIO.
–
Pero... ¿dónde está? A pesar
de esforzar mis ojos no puedo encontrarlo. Además, ¡no puedo creer que sea tan
pequeño que hallamos de buscarlo con lupa o microscopio!
–
Todo lo contrario. Lo que
sucede es que estamos dentro de ÉL…
–
¿Quieres decir que hemos
entrado dentro de él, que estamos en lo que podríamos llamar la entraña del
MONOPOLIO?
–
Dices bien podríamos, porque aquí las cosas no
tienen en –traña . Son lo que son. Lo que hay dentro, eso hay fuera. Lo que hay fuera, eso hay dentro. Son
totalmente transparentes.
–
¿Así que aquí nada tiene
entraña, es decir, todo está ex –traña –do ?. Con razón no me ex –traña
sentirme ob –servado sin saber por quién. ¿Recuerdas el servare latino?
–
Todo es aquí tan transparente
que no podrás encontrar nunca el límite del MONOPOLIO, ni en nada que se
vincule con el mismo. Sencillamente no tiene límites. Esa es su más auténtica
causa final, al decir de Aristóteles, su entelequia, es decir lo que tiende por
sí mismo a su propia finalidad, aunque todavía está Aristóteles discutiendo
–por allí– con Leibniz sobre si es cosa real, o no, la que lleva en sí el
principio de su propia acción.
–
Hablando de antigüedades yo
creía que Monopolio tenía algo que ver con poliomielitis por aquello de que
paraliza la competencia.
–
No digas necedades. Aquí no
se permite hablar por hablar. Mejor harías en parar mientes que mientras estés
dentro del monopolio no podrás ver nunca sus límites y por eso, por más que deambules, tendrás la
sensación de que no estás en ninguna parte o, mejor, que estás en parte
ninguna. En el cielo de los conceptos jurídicos no es apropiado expresarse
impropiamente, como se permite donde imperan las pasiones de abajo, dijo
adelantando su mandíbula en gesto duro y apuntando con su índice rígido y con
desprecio, hacia nuestras mundanas latitudes.
–
Dices bien que tiene uno la
sensación de estar en ninguna parte o perdido, porque eso es lo que yo sentía
cuando iba a reclamar, al Conglomerado
Comunicacional Globalizado, cuando me cobraban de más en la factura del
teléfono.
–
No puedes desasirte de tu
sucio pasado. Sin duda eres un deudor impenitente que descarga sus culpas
mundanas en las maravillosas abstracciones jurídicas que hicieron posible el
progreso.
–
Allá abajo, pensaban algunos
(Jhering, Ortega y Gasset...), que era más bien el progreso el que iba creando
las abstracciones jurídicas al extremo de que las mismas se fabricaban para
legitimar el presente. Quieren decir que el presente, es presente porque se presenta sin pedir
permiso, necesita –con el tiempo- justificarse y para eso se hacen las leyes. Y
vaya como ejemplo “la Globalización”
–
¡Vade retro, Satán!. Si
continúas así abriré sin más el piso y
te dejaré caer al infierno de lo concreto (que reina en el planeta Tierra)
condenándote a vivir eternamente en la máxima concreción: ¡entre gitanos!.
–
No te enfades. Sólo me
burlaba de los que creen que el Derecho no es más que expresión histórica, sin
ver que se trata de una ciencia más exacta aún que las matemáticas, refulgente
de conceptos eternos y universales.
–
Cuando puedas contemplar por
fuera el Monopolio (que no será sino cuando hayas subido a la cima más alta de
las abstracciones) podrás percibir su aspecto y... comprenderás, agregó con
aire misterioso.
(Aire
metafórico, claro está).
–
Lo que no alcanzo a
comprender, dije con gesto interrogativo,
es este nuevo enrarecimiento del éter monopólico que nos embarga (no
quise decir “inunda” para evitar nuevos conflictos de concreción, aunque fueran
hídricos). Algo ha cambiado hace un momento en nuestro paseo por dentro del
Monopolio que me impulsa a perplejidad, pues si todo es transparente aquí, no
entiendo que nada pueda cambiar.
–
La nada no puede cambiar.
Exprésate adecuadamente. Lo que ha sucedido es que hemos ingresado al ámbito
del Monopolio en que éste se ocupa de su propia subsistencia. Fíjate que no
digo supervivencia sino subsistencia, y
espero que hayas aquilatado apropiadamente la sutil diferencia del lenguaje
celestial al mundano. Aquí nada es vital ya que vida complica, es decir, co –implica
comercio con las cosas, intercambio de moléculas, partículas de sucia realidad,
átomos que se inter –cambian alimentos
y, sobre todo, excreciones,
agregó con un mohín de asco que arrugó un tanto su nariz. Como no podía menos,
agregó, el Monopolio se pre –ocupa –ba (era él quien separaba las sílabas ) por
su continuidad en la Tierra debido a que algunos des –criteriados se ocupaban
en combatirlo mediante la sanción de leyes anti. Aunque justo (y ya puedes
imaginar lo que esa palabra significa aquí) justo –digo– es reconocer que
algunos vertieron razonamientos criteriosos. Decidí no preguntar lo que me
pareció una contradicción conceptual, por no patentizar mi falta de versación
en el manejo de tan abstractas cuestiones
y pasé a lo que me mal traía desde hacía rato.
–
En este ambiente intangible e
infinito noto sin embargo –le dije– una cierta sensación de suspicacia. Es como
si personas transparentes nos estuvieran mirando y vigilando desde todas partes como en el
Panóptico de Bentham.
–
Si empiezas a sentir eso me
congratulo. Es signo de que estás progresando en tu tarea de despojarte de las
viejas creencias a que te tenía sometido la cárcel de tu cuerpo. Acuérdate del
griego: soma –sema, agregó con aire de quien comparte una complicidad
académica. Yo que sólo recordaba que soma es cuerpo, me vi forzado a suponer
que sema debía ser cárcel por lo que correspondí a su gesto de complicidad con
otro, no menos delictual, de
corroboración consabida y, aprovechando
la minúscula duración del silencio intermedio, lo interrumpí: J
–
Pero de todas maneras es un
poco incómodo sentirse observado por no se sabe quién.
–
Todo es así en el MONOPOLIO.
Le han quedado viejas suspicacias ¿te acuerdas de suspectäre, suspicêre, la vetusta sospecha latina?. Le han
embargado desde que está aquí y no pasa
instante sin que la incertidumbre no lo conduzca a la prudencia. Todo su
accionar está presidido por la prudencia, pero en el fondo quien reina es la
incertidumbre y la sospecha de que
atentan contra su estado.
–
Pero ¿de quién sospecha el
MONOPOLIO?
–
De todos, incluso de nosotros
porque una vez encontramos criteriosos los razonamientos de los anti. Una
permanente inquietud perturba su estar aquí, que más que estar, es mal estar.
Más o menos como les pasa a los hombres en la tierra siempre pre –ocupados en su
bien estar.
–
....