Sobre la estatua de
Colón: julio 2015.
Sin Colón, o lo
que Colón representa, viviríamos en el mundo
anterior de estas tierras. Es decir: sin aritmética, sin ciencias, sin
tecnología sin progreso, sin 80 años de esperanza de vida. Y, claro está, no
podríamos estar escribiendo esto, ni tampoco los detractores de Colón
expectorando sus diatribas.
En suma sin cultura occidental. Es decir
sin los griegos, sin la lógica, sin el derecho, sin Roma, sin arte ni música
occidental, sin astrofísica sin medicina científica, sin libertades, sin
comunicaciones de unos a otros, y un largo etcétera, –entre
los que están las computadoras, los celulares, Tv– Tan largo etc. como la misma Cultura Occidental.
Colón fue un salto gigantesco para estas
tierras. Nos guste –o no– somos sus hijos históricos, es decir continuadores de
la cultura europea.
Porque cuando nacemos no nacimos ya
hombres. Nacemos bebés proto - humanos cuya humanidad nos va a ser impresa,
insuflada, inyectada por la sociedad que nos rodea. Nadie nace ya hombre. Somos
animales nidífugas. Escapamos del claustro materno antes de estar preparados
para sobrevivir. Ni siquiera podemos mantenernos en pie. Alguien que naciera y
quedara solo en el mundo, si es que por un azar milagroso sobreviviera,
llegaría a ser un primate más cerca de la animalidad que de lo que hoy llamamos
hombre.
Hablar contra Colón es escupir al cielo.
Por lo demás, así como nadie puede saltar de su propia sombra, tampoco podemos
nosotros escaparnos de la humanidad en la que nos constituimos. Solo podemos,
–mediante un fantástico esfuerzo de imaginación– suponer cómo seríamos de habernos
constituidos hombres en la cultura huarpe, diaguita, tehuelche, araucana o
cualesquiera otra vigente en estas tierras anteriores a la implantación de la
cultura europea. Yo por mi parte no quiero
ni imaginarlo. Solo pensar en ello me produce cierto escozor en la piel al imaginarla con piojos, garrapatas,
mugre, miasmas, y otros hedores anexos.
¡Aromas “originarios”!
Sin hablar del enorme vacío del logos,
la filosofía, la historia, la matemática, la química, la física el derecho, la
poesía, la música y otro interminable etcétera.
Además es bueno poner cierto lo que
fueron aquellos “pueblos originarios”
porque, a fuer de lo que las zurderías políticamente correctas nos dicen hoy, eran buenísimas personas, orladas de un nimbo de
inocencia –de in nocendum que
quiere decir no dañino– poco menos que
angelitos. Son fieles seguidores de Rousseau quien sostenía que el hombre nace bueno
y es bueno por naturaleza, con todos los derechos y libertades, condiciones
básicas para ser hombre. Abandona su libertad un mucho a la fuerza que le
imponen las ventajas de la Asociación. Porque cree que la Sociedad es una
Asociación habla de Contrato Social.
Pero no nació para estar asociado con otros. Lo ha hecho por conveniencia. Y en ello fundamenta la moralidad
y las normas que regulan la Asociación.
Está, pues, muy lejos de
la idea de que toda sociedad se funda no en una adhesión libre de sus
componentes, sino en la vigencia de los usos para los cuales no fue consultado y
les vienen impuestos por la convivencia social.
Los hago sin mi original voluntad y aun contra ella. Además,
en muchos casos, no los entiendo. Como en el saludo. Es decir: el acto
que ejecuto no tiene sentido en sí –para mí que soy quien lo ejecuta– ni sé por
qué hay que hacer eso y no otra cosa. Sé para qué hay que hacerlo pero no sé por
qué. Actuamos en ellas mecánicamente.
¿Quién es el sujeto originario de estas acciones? LA GENTE,
los demás, todos, la sociedad, nadie determinado. Aquellas acciones que ejecutamos a cuenta de un sujeto impersonal,
indeterminable, que es "TODOS" y es "NADIE" y que llamamos la gente constituyen HECHOS PROPIAMENTE
SOCIALES, irreductibles a la vida humana individual. Aparecen en la convivencia
pero no son hechos simplemente de convivencia. Los hacemos porque se usa
hacerlos. Se adoptan porque no se tiene más remedio, ya que su incumplimiento
acarrearía sanciones que queremos evitar. Lo
que hacemos porque se hace se llama uso.
El hombre está mal en la naturaleza. El
animal está bien en la naturaleza, es su medio y el ambiente natural en el cual
está, le permite sobre-vivir y vivir a gusto prosperar, multiplicarse. Prospera
estando en ella. Si se le cambia de hábitat no encuentra lo que necesita y
muere. El hombre, en cambio, crea un hábitat no natural, una sobre naturaleza
en la cual si está bien. Siente bien estar. Esa creación que añade a la
naturaleza es la cultura.
La suma de todas las creaciones
culturales es la Historia. Por ello el hombre no tiene naturaleza sino
historia. Mientras el animal es el mismo que hace 10.000 años el hombre va siendo, en cada generación, distinto.
El animal de hoy estrena su animalidad como el de hace 10.000 años.
El hombre en cambio es otro porque ha
heredado la humanidad anterior. El hombre es el animal heredero. Parte de lo
que le deja el de cujus –e l
que da la herencia, y agrega al acerbo hereditario
su aporte. (José Ortega y Gasset, Pasado
y Porvenir para el Hombre Actual, 1. El Mito del Hombre allende la Técnica,
Conferencias en Darmstadt 1951, traducidas de la disertación original dada por Ortega en alemán, Rev. de Occidente, Madrid
1962, pág. 24 y ss)
Pero volvamos al hombre Originario
Y la verdad es que no eran pueblos
originarios, es decir los primeros en habitar el lugar. Eran tan adventicios y aluvionales
como la carne de presidio que acompañaba a los adelantados españoles. Además en
materia de picar carne ajena –aunque muchas veces también
la propia– tanto pehuenches, incas, aztecas y
otros afines no le iban en zaga a los españoles.
Para desalojar a los otros originarios que ya estaban en el lugar,
no se andaban con chiquitas ni recurrían a argumentos persuasivos fundados en
los derechos humanos, –que los norteamericanos, el
racionalismo, la Ilustración de los cuales nacieron los liberales y los
socialistas, no habían llegado– y todavía no existían ya que,
convengamos, todas las cosas comenzaron por no existir.
Arco flecha armando y lanza en ristre,
blandían el argumento del ensarte, el
bolazo o algún otro artilugio de
persuasión contundente. Como los romanos no habían llegado por estas tierras no
existía más derecho que el del más fuerte y, por un quítame allá estas pajas,
mataban a los niñitos y ataban las manos de las cristianas con las tripitas del
propio infante (según el mirífico relato de José Hernández en el Martín Fierro cuando nos presenta a la cautiva que libera)
Si alguna virtud tenían estos pueblos originarios no eran la caridad, piedad,
misericordia, que fueron inventos del cristianismo frente al mundo antiguo. Y
yo, que soy agnóstico pero no imbécil, llamo
a las cosas por su nombre. En la Ética antigua estas caricias cordiales –caridad, piedad, misericordia– eran desconocidas. El ideal del hombre bueno homérico y romano era el agathos y para serlo había que ser valiente, hábil en la guerra y la
paz, poseer riquezas y triunfar. (Historia de la Ética, Alasdair MacIntire, Ed. Paidos, Barcelona,1966,,
pág. 16 ss)
No eran pues, in nocendum ni “originales” como se regodea en llamarlos
la siniestra vernácula. Origen es el lugar
de donde procede una cosa o persona Y los pobladores de América no eran
originales de estas tierras. Habían venido por el estrecho de Bering cuando la
última glaciación unía Siberia con Alaska. Los restos orgánicos de los primeros
invasores datan de 12.000 años (datados mediante el método
del carbono 14) y se encuentran en Norte
América. A medida que fueron desplazándose hacia el sur (impulsados
por nuevas oleadas de “originales” en sus andanzas y correrías recolectoras y
cazadoras) los restos orgánicos van siendo
datados, cuanto más al Sur, más recientes
No es presumible que los recién llagados,
para instalarse en “sus tierras”, pidieran permiso cortésmente a los que
asentaban con anterioridad el lugar,. Es más fácil imaginar que obraron del
mismo modo que sus sucesores, de los cuales sí tenemos noticia, y que despegaron de “sus tierras” a los pre
asentados e instalados mediante métodos convicticos nada diplomáticos.
¡Que Talleyrand y Chamberlain no andaban
por estas tierras!
Usaron, claro está, las mismas armas
piadosas que utilizaban para cazar a las fieras comestibles que constituían sus
meriendas. Eso, cuando no ponían a sus vencidos en la mesa del condumio común,
según hacían los aztecas y otros contemporáneos
¡Vamos, que hay que ahorrar proteínas y
no desperdiciar oportunidad!
(Ver La Conquista de
América contada Para Escépticos, Juan Eslava Galán y Arturo Pérez Reverte Conferencia
Casa de América hay versión original en You Tube)
No eran originales por las siguientes
razones:
A principios del siglo XX los más
granado de la Arqueología creía que el hombre había aparecido en Europa y Asia.
Teníamos lo más adelantado de la época en el libro El Hombre Prehistórico y los Orígenes de la Humanidad de H. Obermaier,
catedrático en Friburgo, A. García y Bellido en la U. de Madrid y Luis Pericot
en la de Barcelona. Había traducción de su 8va. Ed. en la Revista de Occidente
por impulso de Ortega y Gasset interesado en poner un poco de alas a la cultura
hispana. Por este y otros libros estudié yo Arqueología en la cátedra de Historia
de R. Zuloaga UNC. Arqueología a cargo Juan Schrödinger quien sin embargo
sostenía que había que tener en cuenta los recientes descubrimientos de Moldavia
efectuados por Louis Leales y su esposa de restos del australepitecus. La
academia y casi todos los arqueólogos sostenían que los australopitecidos eran
monos.(Piteco significa mono) No obstante y luego
de mucho trajín, al descubrirse huellas de caminar, –ocultas
y conservadas por una capa de ceniza volcánica– de estos ejemplares que no solo caminaban erguidos sino que por la
composición de su caminar eran pies de caminar humano, no hubo dudas que los
autralpitecidos eran hombres. Luego vino una fértil cosecha de restos en varios
yacimientos del Este de África y también de Sureste. No los voy a nombrar
porque sus nombres son extraños, difíciles de pronunciar y más aun de escribir y el lector, que ya ha hecho gala de abundante
paciencia, se cansaría. Hay tres árboles genealógicos, simplificados:
1. El de Tobías se inicia con el
Australopítecus Africanus data 3.8000.00 años, siguiéndole el homo
hábilis, el homo erectus y el homo Sapiens.
2. El de Leakey parte del Africanus 5.000.000 termina en el Sapiens
3. El de Johanson-White 4.000.000 termina en el Sapiens.
Abundantes hallazgos certifican que el hombre
es originario de África. De allí pasó a Asia-Europa donde fue dejando huellas
orgánicas y finalmente hace nos 12.000 años paso a América.
Hasta aquí el Origen del Hombre.
No hablemos pues más de pueblos originarios que no sean los de África.
Los de aquí son habitantes antiguos,
anteriores, ancestrales. No aborigen (del latín Ab- desde y
Origo -origen) que es el que vive en el suelo de
origen.
Pero como en el Romance de Ronsesvalles
“Con la grande polvareda perdimos a don Beltrán” (Flor
Nueva de Romances Viejos, Ramón Menéndez y Pidal,
Colección Austral, Espasa Calpe Argentina SA, 4ta. Ed. Buenos Aires 1943 pág.
87)l
Y don Beltrán era la Estatua de Colón y
la conquista de América vilipendiados por la siniestra vernácula.
Claro que tampoco los españoles, que
portaban la cruz, no como yugo sino como
símbolo, se quedaron atrás. La Mita (institución creada por los indios Incas como servidumbre a favor del Inca soberano) fue rápidamente adoptada por los españoles –nada lerdos en copiar
beldades ancestrales– la encomienda y otras dulzuras
que nos trajeron los rigores de la época, poniéndonos los pelos de punta, según
la leyenda negra inventada por los ingleses en su pugna contra los españoles.
Pero basta leer las crónicas de la época
para advertir que la falacia de la renegrida leyenda fue el resultado del
enfrentamiento entre la Potencia de la época, España, con sus enemigos. El Tatita Isasmendi
gobernador de Salta –que comprendía varias provincias
aledañas– hasta el 23 de agosto de 1810 en que es reemplazado por
Feliciano Chiclana, tenía en encomienda a los indios del lugar. Era realista y
se enfrentó a la revuelta de Buenos Aires. Llegó a un acuerdo y se retiró a
administrar sus propiedades.
Sus aventuras y lances contra los
ingleses podrían servir de argumento para muchas películas basadas en hechos
reales y no ficciones. A su muerte los
jefes indios reclamaron su cuerpo embalsamado para velarlo en la montaña. Luego
de expresar su gratitud y reconocimiento a quien tenían en gran estima, lo
devolvieron a la catedral para su entierro (parado, de pie)
La circunstancia histórica ponía a España
como los yankees del momento. Eran el Imperio Español en cuyos dominios no se
ponía el Sol.
¡¡También a los españoles se les ocurrió
batir guerra contra los inventores de la imprenta!!
En los países Bajos y los principados alemanes
pululaban libros y folletos (sobre todo folletos) detractando y denigrando la
España Católica, bastión, baluarte y símbolo del Estado nacional español que
fue el primero en constituirse como tal en Europa.( Véase
la totalidad de los historiadores de Occidente y La Conquista de América contada para escépticos conferencia de Juan
Eslava Galán y Arturo Pérez Reverte, Casa de América hay versión en You Tube) De nada sirvió que el
Isabel declarara que los súbditos no podían ser esclavos y que pudieran casar
con españoles con solo cambiar sus dioses por Jehová, cosa que no les costaba
mucho, ya que sus dioses no los habían
ayudado contra los españoles. Muy distinta fue la colonización inglesa y
holandesa donde sí existía una salvaje discriminación. Bueno sería que los
organismos internacionales encargados del tema de la discriminación condenaran
la segregación a que fueron sometidos los habitantes en dichas conquistas. Ello,
para cumplir con el lugar común actual de juzgar la historia con criterios
modernos, en lugar de interpretarla como hicieron los creadores de la
historiografía moderna. Me refiero a Jean de Mabillon, Leibniz, Savigni, Ranke,
los historicistas. Es decir los que dieron inicio a la historia como ciencia.
Hace poco el Senado Norteamericano ha
votado una declaración de auto culpabilidad y una restitución de miles de
millones de dólares para los indios que fueron desplazados de sus tierras por
los conquistadores que andaban a la caza del oro, en medio de la fiebre aurea. Indemnización
que los aborígenes han rechazado.
Claro está que Colón no era un padrecito
franciscano, inocente angelito. Sus viajes respondían al propósito de
enriquecerse y acumular rentas y poder.
Pretendía encontrar unos majuelos, si…pero
de oro, una vez descartadas las ansiadas especias de oriente. Su contrato con
los reyes católicos así lo muestra.
Para la gesta colombina cabría invertir
el proverbio de que el camino del infierno está plagado de buenas intenciones
ya que aquí el camino al cielo estaba plagado de malas intenciones.
Los indios, que no eran pueblos
originarios como demagógicamente se los denominan ahora, sino homos sapiens con
12.000 años de antigüedad tenían una cultura muy primitiva. Algunos realizaban
sacrificios humanos para satisfacer a sus dioses (los
Aztecas que eran de lo más avanzados) cuentan con
millares de víctimas
Hay que reivindicar a Colón no por su persona sino por su
obra. Obra impensada pero no por ello menos majestuosa.
No existe hecho más importante que lo que portaban detro las
carabelas del descubrimiento: La cultura occidental.
Más allá de algún facineroso que las navegaban la cultura
que injertaron en estas tierras ha fructificado en grandes cosechas de
inconmensurable valor.
Histórico. La erradicación de Colón es una afrenta a la
cultura en que nos movemos, vivimos y
somos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario